Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
MUJER TIRADA EN LA CALLE
A una joven cuya vivienda es la calle.
La vi
pero qué puedo decir
qué puedo hacer para abonar
a ese escenario
algo de belleza invisible
que no tiene
que nadie advierte.
Siento en mí la tragedia
la humanidad se desangra en las calles
allí donde lo fétido es otra atmósfera
donde el olvido pone cara tuerta cada día;
siento aquí la visita del instante
y uno muere en esa sensación que conmueve
y sabe que está de manos atadas,
pero algo debe hacerse
prodigar a ese humano
algo del susurro que a todos nos sobra
algo que no sea para tasar
el caro dividendo de una sonrisa,
ofrecer algo de compasión, de fuerza y sentido
a ese otro que agoniza
y que está ahí
tirado en plena calle.
Observo esta parte del acto:
los modelos hacen su fashion desapasionado
los espectadores no aclaman ni aplauden
los espectadores solamente pasan,
no se percatan
de esta tragedia casi final
un hombre
molido en su desdicha de ser hombre
de no contar para nadie.
A una joven cuya vivienda es la calle.
La vi
pero qué puedo decir
qué puedo hacer para abonar
a ese escenario
algo de belleza invisible
que no tiene
que nadie advierte.
Siento en mí la tragedia
la humanidad se desangra en las calles
allí donde lo fétido es otra atmósfera
donde el olvido pone cara tuerta cada día;
siento aquí la visita del instante
y uno muere en esa sensación que conmueve
y sabe que está de manos atadas,
pero algo debe hacerse
prodigar a ese humano
algo del susurro que a todos nos sobra
algo que no sea para tasar
el caro dividendo de una sonrisa,
ofrecer algo de compasión, de fuerza y sentido
a ese otro que agoniza
y que está ahí
tirado en plena calle.
Observo esta parte del acto:
los modelos hacen su fashion desapasionado
los espectadores no aclaman ni aplauden
los espectadores solamente pasan,
no se percatan
de esta tragedia casi final
un hombre
molido en su desdicha de ser hombre
de no contar para nadie.