Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
VISITAS ESPERADAS
Después de días y pesares
después que el tiempo extrajo de sus carpetas
un manojo de libidinosos comensales y nos trajo
una fragancia calcada al desespero
y sus agónicos corceles.
Después de mares y centésimas de segundos
arbitrariamente acodados en endebles armarios
por fin asoma su rostro la esperanza,
la alegría con su hollín nublado en sus cabellos,
el terco optimismo con su tinte reposado en los alambres,
la fantasía con su desnudez de palo brioso;
después de tanto esperar
visita un alborozo cargado con bolsas de cosquillas con glucógeno
y las promesas alguna vez solicitadas
y las dádivas con que el verano anticipó
la heredad de las sonrisas;
todo eso hoy ha venido a despertar la aldea,
todo esto que ahora con miradas aún zahoríes
nos inhiben y contraponen,
nos escalan cosquillando las espaldas
nos trancan las emociones y las palabras no preparadas de momento,
todo esto que no era otra cosa sino
sabernos a expensas
del glamoroso milagro de la vida.
Después de días y pesares
después que el tiempo extrajo de sus carpetas
un manojo de libidinosos comensales y nos trajo
una fragancia calcada al desespero
y sus agónicos corceles.
Después de mares y centésimas de segundos
arbitrariamente acodados en endebles armarios
por fin asoma su rostro la esperanza,
la alegría con su hollín nublado en sus cabellos,
el terco optimismo con su tinte reposado en los alambres,
la fantasía con su desnudez de palo brioso;
después de tanto esperar
visita un alborozo cargado con bolsas de cosquillas con glucógeno
y las promesas alguna vez solicitadas
y las dádivas con que el verano anticipó
la heredad de las sonrisas;
todo eso hoy ha venido a despertar la aldea,
todo esto que ahora con miradas aún zahoríes
nos inhiben y contraponen,
nos escalan cosquillando las espaldas
nos trancan las emociones y las palabras no preparadas de momento,
todo esto que no era otra cosa sino
sabernos a expensas
del glamoroso milagro de la vida.