Silencio Nocturno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Escribí en tu piel el sonido de mi voz
y en silencio besé cada estrofa que sin hablar,
tu cuerpo sintió.
Se estremeció el verbo de tu boca
al rozar mis labios los tuyos.
Adagio de suspiros que mi alma
hizo susurrar para la tuya.
No fue el rayo, ni la luz del cielo azul,
ni el hechizo de una luna de plata,
ni tan siquiera el estallido del trueno
que partió en dos mi pensamiento
quien me hizo detenerme en tu mirada.
Fue, simplemente, aquella promesa
que sin pronunciar palabra,
se depositó en el latido unido de nuestros corazones.
Promesa que se cumple
cuando mi cuerpo entrega amor al tuyo,
surcando cada ola que de tu piel rocía el alma de mis manos.
La oscuridad de mis ojos, que cerrados navegan por los tuyos,
despliega las velas de nuestros cuerpos,
mientras el viento suave hace mecerlos,
esperando que el poder de Mistral nos acaricie con fuerza,
perdiendo timón, ancla y rumbo.
Sintiendo simplemente, la dulzura envenenada de pasión.
Amándonos, en el centro del mar, donde nada existe,
donde se quedan nuestros cuerpos
haciendo amanecer la última ola de la noche.
Volverá a besar tu orilla,
donde siempre estoy,
deseándote.