Alberto Amaris
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era la primera vez que veía su rostro
Sus ojos dos luminosas estrellas
Su cuerpo entre mantas negras
Era ella a quien yo esperaba
Estaba allí amenazante
Cual fiera sorprende su presa
Rondaba y daba vueltas en mi cama
Esperando de mi alguna queja
Yo esperaba impaciente
Que tomara mi cuerpo en sus brazos
O que hiciera en mi alguna ofrenda
Que mi corazón partiera en pedazo
O arrancara mi alma, pieza por pieza
Ella también esperaba mi partida
Para llevarme consigo a su casa
Para llevarse consigo mi vida
Yo me sentí defraudado
Al ver que ni un dedo movía
Allí en mi cama sentado
Y ella reía, reía
Era ella a quien yo esperaba
Ansiosamente esperaba aquel día
Al fin había llegado
Estábamos ella y yo allí sentados
Esperando quizá cualquier otra cosa
Tal vez un triste beso
O simplemente una rosa
Sus manos eran tan ásperas
Que parecían hojas de sierra
Su boca llena de sangre
Su ropa llena de tierra
Su aliento olía azufre
Y expedía su aroma de guerra
Mi cuerpo comenzó a temblar
Mis ojos miedo sentían
Mi boca queriendo gritar
Cuando no quise, lo que quería
Me quede pensativo un rato
Ya no quería ni verla
Ahí me quede yo sentado
Esperando por fin que se fuera
Sus ojos dos luminosas estrellas
Su cuerpo entre mantas negras
Era ella a quien yo esperaba
Estaba allí amenazante
Cual fiera sorprende su presa
Rondaba y daba vueltas en mi cama
Esperando de mi alguna queja
Yo esperaba impaciente
Que tomara mi cuerpo en sus brazos
O que hiciera en mi alguna ofrenda
Que mi corazón partiera en pedazo
O arrancara mi alma, pieza por pieza
Ella también esperaba mi partida
Para llevarme consigo a su casa
Para llevarse consigo mi vida
Yo me sentí defraudado
Al ver que ni un dedo movía
Allí en mi cama sentado
Y ella reía, reía
Era ella a quien yo esperaba
Ansiosamente esperaba aquel día
Al fin había llegado
Estábamos ella y yo allí sentados
Esperando quizá cualquier otra cosa
Tal vez un triste beso
O simplemente una rosa
Sus manos eran tan ásperas
Que parecían hojas de sierra
Su boca llena de sangre
Su ropa llena de tierra
Su aliento olía azufre
Y expedía su aroma de guerra
Mi cuerpo comenzó a temblar
Mis ojos miedo sentían
Mi boca queriendo gritar
Cuando no quise, lo que quería
Me quede pensativo un rato
Ya no quería ni verla
Ahí me quede yo sentado
Esperando por fin que se fuera
uno de mis 1ros trabajos por alla en el 1990, en mi inicio en la escritura
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