PRESENTIMIENTO
Presiento que muy pronto tú te iras de mi vida,
volviendo con sus brumas las sombras del ayer,
los días venturosos que cerraron mi herida
comenzarán de nuevo su lento anochecer.
Presiento ya en tus labios la hiel que nos separa,
los ríos que ya nunca volverán a correr,
hay ráfagas heladas metiéndose en el alma
como si abruptamente perdiéramos la fe.
Ajenas nuestras almas, inmensamente ajenas,
emprenderán su marcha de olvido hacia el final,
y tú habrás sido mía como el sol y la escarcha,
como esas primaveras que llegan y se van.
Mis sueños juveniles que sólo fueron tuyos,
fundidos como el bronce, ansiados como el mar,
irán perdiendo extraños sus frondas y matices,
irán entrecerrando sus ojos de anhelar.
Mezcladas con el polvo cansado del camino,
cenizas inmutables perennemente grises,
y los pies con su lento marchar de adversidades
mostrarán en sus plantas profundas cicatrices.
Destruye si has de hacerlo mis días de verano,
que llegue ya el invierno si al fin ha de llegar,
que importa que las plantas se mueran en la nieve,
que importa que las aguas se puedan congelar.
Perdono ya tu marcha, porque tal vez mañana,
no pueda ya mi vida llegarte a perdonar,
¡Dios quiera que tus labios encuentren otros labios!
¡Dios quiera que algún día te deje yo de amar!
Derechos reservados
Libro Tauajes del Alma
Presiento que muy pronto tú te iras de mi vida,
volviendo con sus brumas las sombras del ayer,
los días venturosos que cerraron mi herida
comenzarán de nuevo su lento anochecer.
Presiento ya en tus labios la hiel que nos separa,
los ríos que ya nunca volverán a correr,
hay ráfagas heladas metiéndose en el alma
como si abruptamente perdiéramos la fe.
Ajenas nuestras almas, inmensamente ajenas,
emprenderán su marcha de olvido hacia el final,
y tú habrás sido mía como el sol y la escarcha,
como esas primaveras que llegan y se van.
Mis sueños juveniles que sólo fueron tuyos,
fundidos como el bronce, ansiados como el mar,
irán perdiendo extraños sus frondas y matices,
irán entrecerrando sus ojos de anhelar.
Mezcladas con el polvo cansado del camino,
cenizas inmutables perennemente grises,
y los pies con su lento marchar de adversidades
mostrarán en sus plantas profundas cicatrices.
Destruye si has de hacerlo mis días de verano,
que llegue ya el invierno si al fin ha de llegar,
que importa que las plantas se mueran en la nieve,
que importa que las aguas se puedan congelar.
Perdono ya tu marcha, porque tal vez mañana,
no pueda ya mi vida llegarte a perdonar,
¡Dios quiera que tus labios encuentren otros labios!
¡Dios quiera que algún día te deje yo de amar!
Derechos reservados
Libro Tauajes del Alma