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El puerto del Tahúr

Orfelunio

Poeta veterano en el portal





El puerto del Tahúr


Pensante en la rodada
mortadela de Revilla,
que quisiera ver mojada
café con leche de trencilla.


Perséfone tostada
de un Lope mantequilla;
Penélope de amada…
Yo, de Ulises merendilla.


¡Ay, cómo estás chiquilla!
Con los muslos temblorosos,
que comerlos cual natillas…
Jamón de los jabugos,
del ibérico el más sabroso
comilón de perecillas.


Y esas medias,
si te las quitas son enteras,
cuando tus piernas
queden desnudas, y sin quimeras.


La verdadera faz de las alturas,
el verdadero rostro del deseo,
cuando tú, Venus de hermosura,
seas la media parte de mi rostro,
entera parte de cordura
que es beber tu puro mosto.


Montañas que se ven a lo lejos
son los pechos fantasma
de una mujer llamada recelo;
sus ojos son dos veleros
con las velas norte y sur,
que navegan hacia el puerto
marinero del tahúr.


Malabarista de la aurora
bajo el puente de las alas,
con sus ojos negros, negros…
Puta en paz sobre los vuelos
del dinero de los pobres;
fiel relajo de los ricos
por las tibias calaveras
cuando ondea Pirandello…


La vida es una risa desvanecida
en la comisura labial de la experiencia;
la imposible mímica sistémica del infinito,
lloro y carcajada que nos cubre
al doblegar la esquina madre,
donde el corazón dicta
y la mente sueña absolutamente rada;
satisfacción que nos seduce
en el placer de no hacer nada,
cuando el comer que ya me embute
sea en mi pecho la estocada.


De negro y blanco,
de cielo azul;
todo un espanto
de rojo tul.


De verde encanto,
de gris emú;
de ave parto,
de esclavitud.


De Luna falto,
de Sol Hindú;
de estrella pacto,
de noche mu.


De instinto sacro,
de piel marrón;
de idea macro,
de micro son.


Así, en el acto del aprendiz,
como en el acto más virginal,
sólo me falta la institutriz
para empezar a caminar;
y cuando llegue la extremaunción,
el soplo sea por un desliz
que se nos cuela por criminal;
caricatura en la comunión
del que comulga con gran nariz,
y esnifa toda la precaución
que deja al aire todo el cariz.


Lo sepulcral sólo es mención
de los que catan sin ver el quid,
y nos devuelven la munición
descalabrando toda cerviz.


Que no me quede,
que no, que no,
que no me quede tonto.
Tonto, no y no,
que la virgen lleva el manto…


Virgencita de pasión,
seas lucero del marino,
de tu caño marmitón;
y al probar tan grato caldo
sea la risa por llorón,
que si a mí me llaman Baldo…
Baldomero de cañón.
 

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