A lo mejor me extendí un tanto y me recreé un poco en la exageración, pero lamentablemente se parece en mucho al vivir cotidiano de una gran cantidad de mujeres.
Espero no habermne equivocado de foro, jeje. Saludos.
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A las siete de la mañana te levantas,
preparas la leche, el café y las tostadas,
despiertas a tus hijos perdidos entre las mantas,
y te sientes tentada a echar a tu marido de la cama a patadas.
Mañana de cara aún durmiente,
tostadas medio quemadas.
Café caliente,
leche cuajada.
Desayuno de frío ambiente.
Despertar de una mujer desengañada.
A las ocho y media llevas a los hijos a escuela.
A las nueve te vas corriendo ¡aún tienes que hacer la compra!
¡Corre que te corre que el tiempo vuela!
El reloj camina y señala las 10,30 ¡otra vez lo tienes en contra!
Te espera en la palangana un mundo lleno de ropa.
Enciendes el fogón y la olla pones al fuego,
mientras tanto el mocho y la escoba
esperan que les llegue el turno de asear el suelo.
A las doce recoges a los hijos del colegio,
y sientes en tu pesada espalda cansada
el azote de un castigador palo regio;
¡corre que te corre, que aún te espera la colada!
Barres el suelo, lavas el baño, haces las camas,
quitas el polvo y das brillo a los muebles
al tiempo que van asomando las canas
y sientes que de vejez prematura te mueres.
Mediodía cansado,
atardecer de ama esclava.
Mesa que recibe el plato,
silla que tu dolor exclama.
Comida sin el marido amado.
Alimento que tu descanso reclama.
A las dos y media llevas al colegio de nuevo
a los hijos que no te aprenden nada,
para volver a por ellos luego
cuando sin reposar vuelvas a dar patadas...
Ya han tocado las siete
y por fin has podido acabar la colada,
no sin haber sabido antes lo que siente
el ama de casa para siempre a la casa esclavizada.
Y ahora prepara la cena
y no bajes la vista al suelo;
¡ay! verás que está hecho una pena
por los niños que han armado un gran revuelo.
Tu marido ha vuelto del trabajo
y se dispone a lo mismo de ayer:
¡María, a la carne y la tortilla
les faltan sal, no sé qué y ajo!
y ¿qué has hecho en todo el día
que el suelo está por barrer?
Noche del día que aún no ha acabado,
oscuridad de recelo que no le deja ver...
Cena resignada frente el televisor estropeado,
postre ilustrado por el periódico que empieza a leer.
Ahora friega los cacharros llenos de grasa,
acuesta a los hijos y arrópalos bien.
Pon en hora el despertador y tu hora atrasa,
hora del amor y gratitud, pero ¿de quién?
Cama del amor ingrato, alejado, desaparecido.
Sábana pesada que te rasga la piel.
¡Duerme que mañana empezará, así está decidido,
nuevamente tu rutinario quehacer!
Espero no habermne equivocado de foro, jeje. Saludos.
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A las siete de la mañana te levantas,
preparas la leche, el café y las tostadas,
despiertas a tus hijos perdidos entre las mantas,
y te sientes tentada a echar a tu marido de la cama a patadas.
Mañana de cara aún durmiente,
tostadas medio quemadas.
Café caliente,
leche cuajada.
Desayuno de frío ambiente.
Despertar de una mujer desengañada.
A las ocho y media llevas a los hijos a escuela.
A las nueve te vas corriendo ¡aún tienes que hacer la compra!
¡Corre que te corre que el tiempo vuela!
El reloj camina y señala las 10,30 ¡otra vez lo tienes en contra!
Te espera en la palangana un mundo lleno de ropa.
Enciendes el fogón y la olla pones al fuego,
mientras tanto el mocho y la escoba
esperan que les llegue el turno de asear el suelo.
A las doce recoges a los hijos del colegio,
y sientes en tu pesada espalda cansada
el azote de un castigador palo regio;
¡corre que te corre, que aún te espera la colada!
Barres el suelo, lavas el baño, haces las camas,
quitas el polvo y das brillo a los muebles
al tiempo que van asomando las canas
y sientes que de vejez prematura te mueres.
Mediodía cansado,
atardecer de ama esclava.
Mesa que recibe el plato,
silla que tu dolor exclama.
Comida sin el marido amado.
Alimento que tu descanso reclama.
A las dos y media llevas al colegio de nuevo
a los hijos que no te aprenden nada,
para volver a por ellos luego
cuando sin reposar vuelvas a dar patadas...
Ya han tocado las siete
y por fin has podido acabar la colada,
no sin haber sabido antes lo que siente
el ama de casa para siempre a la casa esclavizada.
Y ahora prepara la cena
y no bajes la vista al suelo;
¡ay! verás que está hecho una pena
por los niños que han armado un gran revuelo.
Tu marido ha vuelto del trabajo
y se dispone a lo mismo de ayer:
¡María, a la carne y la tortilla
les faltan sal, no sé qué y ajo!
y ¿qué has hecho en todo el día
que el suelo está por barrer?
Noche del día que aún no ha acabado,
oscuridad de recelo que no le deja ver...
Cena resignada frente el televisor estropeado,
postre ilustrado por el periódico que empieza a leer.
Ahora friega los cacharros llenos de grasa,
acuesta a los hijos y arrópalos bien.
Pon en hora el despertador y tu hora atrasa,
hora del amor y gratitud, pero ¿de quién?
Cama del amor ingrato, alejado, desaparecido.
Sábana pesada que te rasga la piel.
¡Duerme que mañana empezará, así está decidido,
nuevamente tu rutinario quehacer!
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