No dejo de temer a la postrera ancianidad
que quizás me esperara con brazos heridos.
Soy un difunto sin voz ni destino.
Un galeón sin retorno.
Mi Dios (mi amor), mi única compañía.
Sin embargo aquí sigo escribiendo
tan hiriente como la primera vez.
Se alejan las horas desnudas.
Desencantado como siempre luce el día.
Muchachos y muchachas rien con los brazos
sujetos, sueñan con la voz dormida en sus ojos,
y yo solo vivo en su respiración.
¡Mi presencia no tiene eco!
Mientras el viento sacude amedrantado
la puerta de hierro de mi casa, y las aves en aledaño
cielo cantan. Mientras mi sofocante
soledad me aprisiona cada vez en sus metales
hostiles. Intento revertir el proceso.
Dejar de ser el leño que se quema en la hoguera.
Mas mi corazón aun suda la pena del exilio.
que quizás me esperara con brazos heridos.
Soy un difunto sin voz ni destino.
Un galeón sin retorno.
Mi Dios (mi amor), mi única compañía.
Sin embargo aquí sigo escribiendo
tan hiriente como la primera vez.
Se alejan las horas desnudas.
Desencantado como siempre luce el día.
Muchachos y muchachas rien con los brazos
sujetos, sueñan con la voz dormida en sus ojos,
y yo solo vivo en su respiración.
¡Mi presencia no tiene eco!
Mientras el viento sacude amedrantado
la puerta de hierro de mi casa, y las aves en aledaño
cielo cantan. Mientras mi sofocante
soledad me aprisiona cada vez en sus metales
hostiles. Intento revertir el proceso.
Dejar de ser el leño que se quema en la hoguera.
Mas mi corazón aun suda la pena del exilio.