Hector Alberto Villarruel
Poeta que considera el portal su segunda casa
CONSEJO
Qué importan los sinsabores;
qué puede hacernos la angustia
de un cotidiano sufrir,
si hay elixir de esperanza,
en un vivo afán de ser noble
y una misión que cumplir.
Poco cuenta el infortunio,
nada pesan los agravios
de la ajena incomprensión,
cuando se siente en el alma
una intuición hecha ensueño
y una honrada vocación.
La mazorral petulancia,
la menguada villanía
del mendaz calumniador,
no conturban la entereza
si el valor que nos da aliento
es mesiánico valor.
Abroquela tu hidalguía
con la fuerza imperturbable
que transmite la verdad.
Y sé justo, no por serlo,
sino, pura y simplemente,
por salvar tu austeridad.
Lenifica tu aspereza,
y ante el mal del desaliento
centuplica tu confianza.
Piensa en Cristo, y para honrarle,
llena el surco de la vida
con la mies de la bonanza.
Hector Alberto Villarruel.
Qué importan los sinsabores;
qué puede hacernos la angustia
de un cotidiano sufrir,
si hay elixir de esperanza,
en un vivo afán de ser noble
y una misión que cumplir.
Poco cuenta el infortunio,
nada pesan los agravios
de la ajena incomprensión,
cuando se siente en el alma
una intuición hecha ensueño
y una honrada vocación.
La mazorral petulancia,
la menguada villanía
del mendaz calumniador,
no conturban la entereza
si el valor que nos da aliento
es mesiánico valor.
Abroquela tu hidalguía
con la fuerza imperturbable
que transmite la verdad.
Y sé justo, no por serlo,
sino, pura y simplemente,
por salvar tu austeridad.
Lenifica tu aspereza,
y ante el mal del desaliento
centuplica tu confianza.
Piensa en Cristo, y para honrarle,
llena el surco de la vida
con la mies de la bonanza.
Hector Alberto Villarruel.
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