Nicolas Bera
Poeta recién llegado
Yo que busqué en el fondo
del universo la llave de tu beso.
Yo, más enamorado que la
vida amo más que el amor.
Yo que he encontrado el
momento exacto de tocar.
Mis ojos descubren cada
día la hermosura en tus ojos.
Y el instante de tocar se
vuelve cielo cual ternura.
Mis días abrazados a tu
hombro no han sido días.
Han sido amor para
amarte y beberte.
Amor para ansiar,
amor para pelear.
Yo que no encuentro otra
razón para amar que amarte.
Y mi sangre busca en el suelo
el consuelo de tenerte si así
me veo muerto algún día.
Porque en tus brazos se cría
el gozne de mi alma, y en tu
boca se disuelve mi osadía.
No he de verme sino en tu canto medianero,
o tus en largas manos de témpano ardiente.
Mi vida busca alegre la forma simple de cantarte,
y mi pluma se desaíra con versos repetitivos.
El fin del yo te busca para nombrarte y decirte
que no hay espacio ni tiempo para tu ausencia.
¿Estará prendida mi vida el día de no tocarte?
De ser así, que sea, pero que en mi reposo te sienta cerca.
Yo me despido tan rápido como te escribo,
viento que se marea desde tu lecho a mi boca,
se desoca la amargura cada instante en cual se anima,
y no hay más yo que aquél que viene nuevamente a tocarte.
del universo la llave de tu beso.
Yo, más enamorado que la
vida amo más que el amor.
Yo que he encontrado el
momento exacto de tocar.
Mis ojos descubren cada
día la hermosura en tus ojos.
Y el instante de tocar se
vuelve cielo cual ternura.
Mis días abrazados a tu
hombro no han sido días.
Han sido amor para
amarte y beberte.
Amor para ansiar,
amor para pelear.
Yo que no encuentro otra
razón para amar que amarte.
Y mi sangre busca en el suelo
el consuelo de tenerte si así
me veo muerto algún día.
Porque en tus brazos se cría
el gozne de mi alma, y en tu
boca se disuelve mi osadía.
No he de verme sino en tu canto medianero,
o tus en largas manos de témpano ardiente.
Mi vida busca alegre la forma simple de cantarte,
y mi pluma se desaíra con versos repetitivos.
El fin del yo te busca para nombrarte y decirte
que no hay espacio ni tiempo para tu ausencia.
¿Estará prendida mi vida el día de no tocarte?
De ser así, que sea, pero que en mi reposo te sienta cerca.
Yo me despido tan rápido como te escribo,
viento que se marea desde tu lecho a mi boca,
se desoca la amargura cada instante en cual se anima,
y no hay más yo que aquél que viene nuevamente a tocarte.
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