Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
LUNA DIURNA
Desova en los jardines la crisálida que merecía
el destino de la espina,
la rosa que vibraba entre los árboles.
Cándida se asoma a estos precipicios la mañana.
La noche humectó las calles con silicio de sueño
para ahora amanecer entre trinos y rocíos
su resaca de luz instigadora.
La luna multiplica esa nostalgia,
el diáfano estado de revivir la dicha, la nocturna cita
entre fieras lumbres matinales.
Desova en los jardines la crisálida que merecía
el destino de la espina,
la rosa que vibraba entre los árboles.
Cándida se asoma a estos precipicios la mañana.
La noche humectó las calles con silicio de sueño
para ahora amanecer entre trinos y rocíos
su resaca de luz instigadora.
La luna multiplica esa nostalgia,
el diáfano estado de revivir la dicha, la nocturna cita
entre fieras lumbres matinales.
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