El libro de la muerte

Espeluznante relato mi amigo... interesante tema tocas... y es que en verdad cual más o cual menos de nosotros quiere saber cosas del futuro... sin pensar que vivir el hoy y el ahora es lo que hara que exista un futuro.

Estrellas y un buen café (pa pasar el susto)
 
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Llegué a la casa de Olegario Munizaga al atardecer. Llovía. Golpeé la puerta con el llamador de hierro en forma de serpiente. Su mujer me indicó que Olegario estaba en la bibliotaca como siempre. Entré en la casa y me encaminé a la biblioteca. Había un hombre en ella, pero no era Olegario. Alto, delgado, pelo largo y larga barba blanca. Sentado frente a un escritorio, escribía algo en un grueso libro encuadernado en piel. Me quedé mirando a través de la ventana cómo caía la lluvia. Un antigua lámpara colgada del techo daba una luz mortecina. Este es el libro de su vida, me dijo una vez había terminado de escribir, entregándome el libro. Salí y anduve hasta mi casa. Seguía lloviendo. Cuando desperté, vi que había un libro sobre mi mesilla de noche. No recordaba haber estado en casa de Olegario Munizaga, aunque sí recordaba haberlo soñado. Extrañamente, mis zapatos estaban empapados, como si mis pies hubiesen paseado bajo la lluvia durante la noche. Abrí el libro por la primera página. Leí con asombro la historia de mis primeros años hasta la adolescencia. Reviví situaciones ya olvidadas. Cada hoja contaba lo ocurrido en un día de mi vida. Cerré el libro con terror. Para saber la fecha de mi muerte, no tenía más que ir hasta la última página. Até fuertemente el libro con una cuerda, para evitar que un golpe de viento hiciese lo que yo, en mi cobardía no me había atrevido a hacer.

Eladio Parreño Elías

11-Junio-2011


Eladio, te voy a decir que me encanta de tus relatos:
Me encanta el misterio, la forma tan perfecta de narrar, los nombres de los personajes que utilizas, la ambientación de la escena pues me transportas al sitio, el suspenso en el que me dejas siempre, tus historias fantásticas, las imágenes que usas y mil cosas mas amigo. Cada día te perfeccionas mas en estas artes y tu mente va a toda velocidad Dulci.
En esta historia en particular me encantó como el personaje abre el libro y le causa terror . Se entiende que lo que causa terror es la fecha de la muerte. Pero realmente quien menos cuenta se da que se murió, es uno. Al fin y al cabo todos vamos a morir y es un proceso natural. Como siempre me satisface leerte Eladio, te pido por favor: no dejes de escribir. Abrazos amigo a tu corazón. Osa.
:::blush:::

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Eladio, te voy a decir que me encanta de tus relatos:
Me encanta el misterio, la forma tan perfecta de narrar, los nombres de los personajes que utilizas, la ambientación de la escena pues me transportas al sitio, el suspenso en el que me dejas siempre, tus historias fantásticas, las imágenes que usas y mil cosas mas amigo. Cada día te perfeccionas mas en estas artes y tu mente va a toda velocidad Dulci.
En esta historia en particular me encantó como el personaje abre el libro y le causa terror . Se entiende que lo que causa terror es la fecha de la muerte. Pero realmente quien menos cuenta se da que se murió, es uno. Al fin y al cabo todos vamos a morir y es un proceso natural. Como siempre me satisface leerte Eladio, te pido por favor: no dejes de escribir. Abrazos amigo a tu corazón. Osa.
:::blush:::


Muchas gracias por tu amable comentario, mi estimada Osita. Siempre me sentí atraído por el terror y lo fantástico, y eso creo que se nota en mis relatos, jejeje. Me gusta mucho la fotografía que acompaña a tu comentario. Un beso.
 
Wao, ¡Qué relato! Me quedé perpleja, amarrar el libro fue bastante prudente. Mis respetos a tu pluma, querido Dulcinista. Te dejo reputación y un fuerte abrazo. =)
 
woowwwww querido amigo dueño de los mejores relatos de suspenso y terror que he leído. Muchas gracias por ser tan generoso y compartir con nosotros tu don tan, pero tan especial.

Besos de una mexicana.
 
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Llegué a la casa de Olegario Munizaga al atardecer. Llovía. Golpeé la puerta con el llamador de hierro en forma de serpiente. Su mujer me indicó que Olegario estaba en la bibliotaca como siempre. Entré en la casa y me encaminé a la biblioteca. Había un hombre en ella, pero no era Olegario. Alto, delgado, pelo largo y larga barba blanca. Sentado frente a un escritorio, escribía algo en un grueso libro encuadernado en piel. Me quedé mirando a través de la ventana cómo caía la lluvia. Un antigua lámpara colgada del techo daba una luz mortecina. Este es el libro de su vida, me dijo una vez había terminado de escribir, entregándome el libro. Salí y anduve hasta mi casa. Seguía lloviendo. Cuando desperté, vi que había un libro sobre mi mesilla de noche. No recordaba haber estado en casa de Olegario Munizaga, aunque sí recordaba haberlo soñado. Extrañamente, mis zapatos estaban empapados, como si mis pies hubiesen paseado bajo la lluvia durante la noche. Abrí el libro por la primera página. Leí con asombro la historia de mis primeros años hasta la adolescencia. Reviví situaciones ya olvidadas. Cada hoja contaba lo ocurrido en un día de mi vida. Cerré el libro con terror. Para saber la fecha de mi muerte, no tenía más que ir hasta la última página. Até fuertemente el libro con una cuerda, para evitar que un golpe de viento hiciese lo que yo, en mi cobardía no me había atrevido a hacer.

Eladio Parreño Elías

11-Junio-2011


¡Quema ese libro Dulcinista!, ¡quémalo por favor!; no permitas que te haga daño!; ¡apúrate, quémalo!; mira cómo me dejaste; jajajajajajaja.........Excelente como siempre amigo. Aplausos, estrellas, besos y abrazos.
 
Un placer leerte de nuevo Dulcinista!!, espero que hoy si te llegue mi comentario, y te digo lo mismo que te dije en la anterior prosa o historia que te leí y comenté, facilidad para describir, transportas al lugar, descripciones cinematográficas. Y el tema que trata no tiene ni un apice de desperdicio, un abrazo Laura :0D
 
Estimado Eladio, muy buen relato, pensado, y que deja , para reflexionar mucho, me ha gustado mucho, vos lo ataste, pero esta el que prefiere seguir, me encantan estos relatos de final abierto, para que el lector piense.
Felicitaciones y un fuerte abrazo.

Hector Alberto Villarruel.
 
Glubsssss.... Yo tampoco lo miraría.
Sabía que me iba a gistar desde la primera línea, desde que golpeaste la puerta con el llamador con forma de serpiente.
Un abrazo.
 
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Estimado Dulcinista,

Inquietatante disyuntiva resuelta de una forma inteligente.
No debe existir cosa más inquietante en la vida
que conocer la fecha de nuestra propia muerte...

Siempre me voy con la mente y el corazón contentos,
cada vez que me detengo en el foro de tus creaciones.

Mi complacencia total por este relato tan original,

Elhi Delsue



 
Excelente narrativa. Y me parece muy bien la decision de no abrirlo. Para hacer recuerdos me parece muy bien; pero el final que nadie solo la vida nos lo cuente. Un abrazo y felicidades por tu pluma e inspiracion magistral.
Siempre: ISABEL
 
...con lo hermoso que es vivir el día a día... yo tampoco miraría esa última página, jeje ... que buen relato Dulcinista. Me encantó. Muchas gracias

Un abrazo
 
Mejor atarlo y no con una cuerda, sino con 7 cadenas, antes de vivir con la zozobra de lo que nos queda para ese día. Mejor vivir el día a día con ilusión, que ya llegará cuando tenga que llegar. Grato leerte. Abrazos.
 
Yo hubiese mirado la ultima hoja,de puro rebelde que soy y, para no darle el gusto al destino ,al sino, me dejaría llevar por la curiosidad y por la fascinación que como una entelequia endemoniada tiene escrita la fecha de vencimiento de mi vida.Es para pensar tu relato. Como siempre aplaudo de pie tus escritos.Un abrazo.
Amigo Walter, amí me dio miedo y por eso cerré y até el libro. Gracias por tu comentario. Un beso.
 

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