Nadie tiene que leer esto.
ni enterarse de nada.
Una vez subía por una calle
y vi una casa vieja y grande
era como de cuatro pisos
y tenía balcones de hierro forjado
pintados de negro mate.
La puerta de entrada
me gustaba porque era
de madera labrada
con dos columnas talladas
en espiral con surcos profundos.
Cuando entré
todo estaba oscuro
y el patio principal
estaba rodeado de macetas
con plantas marchitas
rosas desojadas con espinas
y perros peleando.
Subí por las escaleras
al segundo piso
y ví mujeres llorando con
vómito verde sobre sus cabellos
que me gritaban como locas.
Entré a una habitación corriendo
y un toro gigante me embistió
caí por el suelo y dos hienas
empezaron a morderme el culo
me levanté y corrí hacia la puerta
pero el toro ya estaba frente mío
y salte a la araña del techo
y me sostuve ahí hasta que el toro
se convirtió en una jauría
de perros rabiosos.
Mientras los canes
intentaban morderme los pies
las hienas vomitaban piedras
hasta que les tragó un agujero
negro a todos, excepto al burel
que tenía los cuernos más largos
que antes y ya no era negro sino verde
como el vómito de las mujeres.
Salté de la lámpara antigua
Y sobre el lomo del animal
subí al tercer piso.
Este lugar era un manicomio
gente hablando sola por el patio
golpeándose las cabezas
contra las paredes de adobe.
Unos sacaban pedazos
de adobe con los dientes
y se tragaban la tierra.
Otros lamían el piso
y algunos se tiraban de los cabellos
y hacían como que fueran cuerdos
pero la mayoría quería cortarme los h...
Cuatro me tomaron por los brazos
y cuatro más por las piernas
el más loco de todos tenía
un bisturí en la mano
que brillaba entre la niebla
que ennegrecía todo el patio.
Cuando me di cuenta
me había convertido en minotauro
Y tenía unos huevos enormes.
Al darse cuenta los locos me atacaron
con más vehemencia y furia
pero mi fuerza era inaudita
podía ser todo lo fuerte que quisiera
uno por uno maté a cada loco
los reventaba con mis pesuñas
y me sentaba de culo sobre ellos.
Cuando iba por el loco del bisturí
me volví hombre otra vez
y el loco intentó matarme.
De alguna extraña manera
yo podía esquivar los ataques
del loco cabrón ese
hasta que llegué a las escaleras
y subí al cuarto piso.
Había como cincuenta cuartos
todos iguales con puerta rojas
y paredes negras.
Todo el piso era un total silencio
a cada paso que daba por el pasillo
crujidos dolorosos rompían la calma,
elegí una habitación de la que salían
algunas voces de hombres
y cuando abrí la puerta
me ofrecieron asiento.
Eran unos sillones azules
muy cómodos y mullidos.
las paredes estaban limpias
y el techo era de piedra gris
uno de los hombres me dijo
que estuviera tranquilo
que los pisos inferiores
eran necesarios para llegar
donde ellos estaban.
Eran cuatro hombres
jamás los había visto
en toda mi vida.
Ni siquiera me acuerdo sus caras
ni cómo iban vestidos
excepto el que me habló
que llevaba una camisa café.
solo me dijo que me sentara
y que todo estaba bien.
Y era verdad
todo estaba bien.
ni enterarse de nada.
Una vez subía por una calle
y vi una casa vieja y grande
era como de cuatro pisos
y tenía balcones de hierro forjado
pintados de negro mate.
La puerta de entrada
me gustaba porque era
de madera labrada
con dos columnas talladas
en espiral con surcos profundos.
Cuando entré
todo estaba oscuro
y el patio principal
estaba rodeado de macetas
con plantas marchitas
rosas desojadas con espinas
y perros peleando.
Subí por las escaleras
al segundo piso
y ví mujeres llorando con
vómito verde sobre sus cabellos
que me gritaban como locas.
Entré a una habitación corriendo
y un toro gigante me embistió
caí por el suelo y dos hienas
empezaron a morderme el culo
me levanté y corrí hacia la puerta
pero el toro ya estaba frente mío
y salte a la araña del techo
y me sostuve ahí hasta que el toro
se convirtió en una jauría
de perros rabiosos.
Mientras los canes
intentaban morderme los pies
las hienas vomitaban piedras
hasta que les tragó un agujero
negro a todos, excepto al burel
que tenía los cuernos más largos
que antes y ya no era negro sino verde
como el vómito de las mujeres.
Salté de la lámpara antigua
Y sobre el lomo del animal
subí al tercer piso.
Este lugar era un manicomio
gente hablando sola por el patio
golpeándose las cabezas
contra las paredes de adobe.
Unos sacaban pedazos
de adobe con los dientes
y se tragaban la tierra.
Otros lamían el piso
y algunos se tiraban de los cabellos
y hacían como que fueran cuerdos
pero la mayoría quería cortarme los h...
Cuatro me tomaron por los brazos
y cuatro más por las piernas
el más loco de todos tenía
un bisturí en la mano
que brillaba entre la niebla
que ennegrecía todo el patio.
Cuando me di cuenta
me había convertido en minotauro
Y tenía unos huevos enormes.
Al darse cuenta los locos me atacaron
con más vehemencia y furia
pero mi fuerza era inaudita
podía ser todo lo fuerte que quisiera
uno por uno maté a cada loco
los reventaba con mis pesuñas
y me sentaba de culo sobre ellos.
Cuando iba por el loco del bisturí
me volví hombre otra vez
y el loco intentó matarme.
De alguna extraña manera
yo podía esquivar los ataques
del loco cabrón ese
hasta que llegué a las escaleras
y subí al cuarto piso.
Había como cincuenta cuartos
todos iguales con puerta rojas
y paredes negras.
Todo el piso era un total silencio
a cada paso que daba por el pasillo
crujidos dolorosos rompían la calma,
elegí una habitación de la que salían
algunas voces de hombres
y cuando abrí la puerta
me ofrecieron asiento.
Eran unos sillones azules
muy cómodos y mullidos.
las paredes estaban limpias
y el techo era de piedra gris
uno de los hombres me dijo
que estuviera tranquilo
que los pisos inferiores
eran necesarios para llegar
donde ellos estaban.
Eran cuatro hombres
jamás los había visto
en toda mi vida.
Ni siquiera me acuerdo sus caras
ni cómo iban vestidos
excepto el que me habló
que llevaba una camisa café.
solo me dijo que me sentara
y que todo estaba bien.
Y era verdad
todo estaba bien.