Eternal darkness
Poeta recién llegado
Acaricio de la soledad,
de sus hebras
hago adentros
de todas esas ventanas
cerradas,
el suelo me traga
el frío muerdo
y exhalaciones inertes
vociferan mis labios
en sacramental silencio.
Se llevan de mis ojos
mi dibujar del viento,
aletargada
escucho
el abandono de esos pasos,
siento la lejanía
de ese azul en mis retinas.
Anclada está mi mano al guante de la soledad
ella hace raíces en mis manos,
el aroma a muerte
se vacía en estas paredes
mientras lenguas me atrapan
con un santuario de migajas,
mi pesar es... vivir
en este acompañar de espinas
donde la agonía se desliza al suelo
ahí escurren los remolinos
de nieve que congelan mi existir
me dejan tragando los monstruos
de ausencias,
placiendo
la oquedad de mi alma
de fúnebres lugares
y de los huesos de esas uniones
clavadas en la memoria.
Mis pies se hunden en un abismo
infestado de tumores
que devastaron templos
y sólo flotando están ambiguos sueños
un subsistir con agujas de tiempo
un instante danzante
en la puntas
de estas noches grises
donde lo imposible de renunciar en mis noches
Sueños
por las esforzadas y turbias mañanas
los sigo rasgando con mis manos entrelazadas
a esas estrellas distantes,
mientras en la sombra de un sueño
se sigue cultivando el cansancio
y el amor a esta soledad,
que se encorva en estas letras caídas
a este seductor soplo de penumbra
que me enamora
con manos frías.
Abrazo sendero desértico
ahí, al ir apostando al amor
en esa fractura detallada sin desmayar,
sólo he marcado en mí
una dulce soledad
que me torna pentagrama
que transcribe maldecidos versos
sobre esta piel
ya impalpable por mi alma,
pero extasiada por este veneno amargo.