Ricardo Alvarez
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Amor! El ebrio azul colibrí iracundo invadió el mapa verde de nuestros frondoso jardín. Con su pico fértil y aleteo zumbante, -como tus pestañas de vuelo- donde el polen ampara sus dones de universo. Mientras míro su alegre labor de flores con la elegancia de una exótica danza -como si conociera los pasos de tu cadera- De su benigna púa estirada sostiene su vuelo de alambre estable invisible. Allí aletea con el acústico rumor de las hojas impregnadas en tu espalda y extrae la ópima harina de la rosa virgen, con la libertad de tu pecho abierto de casa. En sus profundos ojos de cielo donde duerme la brisa y el naranja bordea el crepúsculo evoca tu cálida mirada de regazo. Frontera sin limites, Allí duermen calmas y rondan azules mariposas, bordando la arista dorada y las aspas que giran en tu vientre.