El siglo nos eleva
como las catedrales.
Y los nervios se vuelven
galerias subterraneas.
Los rincones aprietan nuestros ojos,
y la sangre dibuja nuestro espiritu.
Lo negro y lo rojo
nos encadena el cuerpo,
hasta volvernos rosas milenarias.
En la muerte pensamos
mientras bebemos
sombras en la herida...
como las catedrales.
Y los nervios se vuelven
galerias subterraneas.
Los rincones aprietan nuestros ojos,
y la sangre dibuja nuestro espiritu.
Lo negro y lo rojo
nos encadena el cuerpo,
hasta volvernos rosas milenarias.
En la muerte pensamos
mientras bebemos
sombras en la herida...