Quinto Brena
Poeta adicto al portal
Desnuda eres una mano sola,
extendida y helada.
Desnuda eres un silencio de silla,
humedad inmóvil,
hoja tímida
silenciosa en tu movimiento trémulo de rocío.
Desnuda eres templo y microsismo;
el golpe de ariete en las tuberías.
Desnuda te quiero y por supuesto:
es igualmente efímero el mundo que un respiro;
tan pequeño,
tan horizontal,
tan terrestre junto al equilibrio vertical de tus muros.
Desnuda eres la evidencia del grito,
la renuncia,
la rabia que palpita en la carne.
Desnuda eres la araña, la sal, la cocina, la sala,
la señal de auxilio.
Desnuda eres más solitaria que las paredes,
más silenciosa que la tela.
Desnuda eres un ojo que me desnuda,
un ladrido en la mitad de lo semioscuro,
un trozo de tela más pegado a tu huesos.
Y pareciera ser el mundo
tan sólo una oscuridad en tu ombligo.
Tan humilde,
tan consumido en ti,
tan desprovisto;
pareciera ser nada.
extendida y helada.
Desnuda eres un silencio de silla,
humedad inmóvil,
hoja tímida
silenciosa en tu movimiento trémulo de rocío.
Desnuda eres templo y microsismo;
el golpe de ariete en las tuberías.
Desnuda te quiero y por supuesto:
es igualmente efímero el mundo que un respiro;
tan pequeño,
tan horizontal,
tan terrestre junto al equilibrio vertical de tus muros.
Desnuda eres la evidencia del grito,
la renuncia,
la rabia que palpita en la carne.
Desnuda eres la araña, la sal, la cocina, la sala,
la señal de auxilio.
Desnuda eres más solitaria que las paredes,
más silenciosa que la tela.
Desnuda eres un ojo que me desnuda,
un ladrido en la mitad de lo semioscuro,
un trozo de tela más pegado a tu huesos.
Y pareciera ser el mundo
tan sólo una oscuridad en tu ombligo.
Tan humilde,
tan consumido en ti,
tan desprovisto;
pareciera ser nada.
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