Sara

Glendalis Lugo

Poeta veterano en el portal
Sara

Sara yacía en una cama blanca de un triste hospital, moribunda por un cáncer avanzado, pálida, ojerosa y arrugada pero sus ojos brillaban, su sonrisa no apagaba, esperaba ansiosa la última visita antes que la muerte la visitara por completo. Esperaba a su hijo amado, el que la vida le había quitado por ir detrás de sueños inconclusos y de amores negados. ¡Cuánto tiempo había pasado! ni ella misma lo precisaba, quizás cuando él la viera y la mirara a los ojos sabría cuanto tiempo el reloj había marcado.

Una enfermera entra la habitación y la atiende con mucho amor, mirándola con una pena que a ella le causaba desolación porque sabía que corto tiempo le quedaba, esa misma enfermera le había ayudado a dar con el paradero de su hijo Iv
án, ahora lo esperaba día tras día con la esperanza adherida a ella como la espuma dejada en la orilla por las olas del mar, ya terminada (con) su labor, la enfermera le deposita un beso en la frente y se retira.

Tocan a la puerta, ella siente un vuelco en su corazón y dice: “pase”. Entra un hombre uniformado con cicatrices en el rostro: alto, rubio, fornido, y con unos ojos verdes que le paralizaron el corazón, era su hijo. Esos ojos verdes jamás los había olvidado
, aún cuando dejara de verlos cuando él apenas crecía, él la miraba pero no la reconocía. Sara sintió tanta tristeza que pensaba que en ese instante su vida se iba pero cobró ánimo, logró levantarse, le dijo que se acercara, tocó el rostro suavemente y le dijo que no se preocupara por no reconocerla, que ella sabía que al hablar y recordar viejas anécdotas él la recordaría, él sonrió, no tuvo más miedo de no recordarla y la perdonó, dándole una última oportunidad.


Así estuvieron madre e hijo por un corto tiempo, ella se recuper
ó un poco y pudo salir del hospital con su hijo que Dios le había devuelto. La enfermera se unió a ellos, renunciando al hospital y quedándose al cuidado de ella; compartieron, recordaron, lloraron tanto, que el amor de hijo a madre fue recuperado. Sara murió en los brazos de su hijo, su último deseo él lo había cumplido, morir mirando la noche y las estrellas con el arrullo del mar.



El Alma de un poeta se desvela en cada verso

Glendalis Lugo
agosto 3-2011
 
Última edición:
Ay Mariposa qué historia más entrañable nos has contado con cualidades de una gran narradora, descripciones que te acercan al contexto en que se desarrolla la escena. Magistral. Voy a ver si me dejan darte reputación porque me encantó mogollón. Besazos y estrellas, querida amiga.

Sara​
Sara yacía en una cama blanca de un triste hospital, moribunda por un cáncer avanzado, pálida, ojerosa y arrugada pero sus ojos brillaban su sonrisa no apagaba, esperaba ansiosa su ultima visita, antes que la muerte la visitara por completo, esperaba a su hijo amado el que la vida le había quitado, por ir detrás de sueños inconclusos y de amores negados, cuanto tiempo había pasado ni ella misma lo precisaba quizás cuando él la viera y la mirara a los ojos sabría cuanto tiempo el reloj había marcado.

Una enfermera entra la habitación y la atiende con mucho amor, mirándola con una pena que a ella le causaba desolación porque sabía que corto tiempo le quedaba, esa misma enfermera le había ayudado a dar con el paradero de su hijo Ivan, ahora lo esperaba día tras día con la esperanza adherida a ella como la espuma dejada en la orilla por las olas del mar, ya terminado con su labor la enfermera le deposita un beso en la frente y se retira.

Tocan a la puerta, ella siente un vuelco en su corazón, le dice que pase y entra un hombre uniformado con cicatrices en el rostro, alto, rubio, fornido, y con unos ojos verdes que le paralizaron el corazón, era su hijo. Esos ojos verdes jamás los había olvidado aún cuando dejara de verlos cuando el apenas crecía, él la miraba pero no la reconocía, Sara sintió tanta tristeza que pensaba que en ese instante su vida se iba, pero cobro animo logro levantarse, le dijo que se acercara, le toco el rostro suavemente y le dijo que no se preocupara por no reconocerla que ella sabia que al hablar y recordar viejas anécdotas el la recordaría,él sonrió ,no tuvo mas miedo de no recordarla y la perdono dándole una ultima oportunidad.


Así estuvieron madre e hijo por un corto tiempo, ella se recupero un poco y pudo salir del hospital con su hijo que Dios le había devuelto. La enfermera se unió a ellos renunciando al hospital y quedándose al cuidado de ella, compartieron, recordaron, lloraron tanto que el amor de hijo a madre fue restaurado. Sara murió en los brazos de su hijo, su último deseo él lo había cumplido morir mirando la noche y las estrellas bajo el barullo del mar.


El Alma de un poeta se desvela en cada verso
Glendalis Lugo
agosto 3-2011
 
Gracias amiguita por siempre estar conmigo en este mundo de la escritura,abrazos
Ay Mariposa qué historia más entrañable nos has contado con cualidades de una gran narradora, descripciones que te acercan al contexto en que se desarrolla la escena. Magistral. Voy a ver si me dejan darte reputación porque me encantó mogollón. Besazos y estrellas, querida amiga.
 
Sara​
Sara yacía en una cama blanca de un triste hospital, moribunda por un cáncer avanzado, pálida, ojerosa y arrugada pero sus ojos brillaban su sonrisa no apagaba, esperaba ansiosa su ultima visita, antes que la muerte la visitara por completo, esperaba a su hijo amado el que la vida le había quitado, por ir detrás de sueños inconclusos y de amores negados, cuanto tiempo había pasado ni ella misma lo precisaba quizás cuando él la viera y la mirara a los ojos sabría cuanto tiempo el reloj había marcado.

Una enfermera entra la habitación y la atiende con mucho amor, mirándola con una pena que a ella le causaba desolación porque sabía que corto tiempo le quedaba, esa misma enfermera le había ayudado a dar con el paradero de su hijo Ivan, ahora lo esperaba día tras día con la esperanza adherida a ella como la espuma dejada en la orilla por las olas del mar, ya terminado con su labor la enfermera le deposita un beso en la frente y se retira.

Tocan a la puerta, ella siente un vuelco en su corazón, le dice que pase y entra un hombre uniformado con cicatrices en el rostro, alto, rubio, fornido, y con unos ojos verdes que le paralizaron el corazón, era su hijo. Esos ojos verdes jamás los había olvidado aún cuando dejara de verlos cuando el apenas crecía, él la miraba pero no la reconocía, Sara sintió tanta tristeza que pensaba que en ese instante su vida se iba, pero cobro animo logro levantarse, le dijo que se acercara, le toco el rostro suavemente y le dijo que no se preocupara por no reconocerla que ella sabia que al hablar y recordar viejas anécdotas el la recordaría,él sonrió ,no tuvo mas miedo de no recordarla y la perdono dándole una ultima oportunidad.


Así estuvieron madre e hijo por un corto tiempo, ella se recupero un poco y pudo salir del hospital con su hijo que Dios le había devuelto. La enfermera se unió a ellos renunciando al hospital y quedándose al cuidado de ella, compartieron, recordaron, lloraron tanto que el amor de hijo a madre fue restaurado. Sara murió en los brazos de su hijo, su último deseo él lo había cumplido morir mirando la noche y las estrellas bajo el barullo del mar.


El Alma de un poeta se desvela en cada verso
Glendalis Lugo
agosto 3-2011


HERMOSA PROSA CON UNA LECCION DE VIDA, lo mas maravilloso en la vida es el perdon, suelas y liberas a la persona que te ofendio, el perdon es la clave para vivir en libertad, saludos y mis cariños
 
GRAN ESCRITO. Te felicito, te estrello y te doy bendiciones en JEHOVA.
 
Última edición:
Tienes razon el perdon libera,saludos
alicia Pérez Hernández;3560682 dijo:
HERMOSA PROSA CON UNA LECCION DE VIDA, lo mas maravilloso en la vida es el perdon, suelas y liberas a la persona que te ofendio, el perdon es la clave para vivir en libertad, saludos y mis cariños
 
Sara

Sara yacía en una cama blanca de un triste hospital, moribunda por un cáncer avanzado, pálida, ojerosa y arrugada pero sus ojos brillaban, su sonrisa no apagaba, esperaba ansiosa la última visita antes que la muerte la visitara por completo. Esperaba a su hijo amado, el que la vida le había quitado por ir detrás de sueños inconclusos y de amores negados. ¡Cuánto tiempo había pasado! ni ella misma lo precisaba, quizás cuando él la viera y la mirara a los ojos sabría cuanto tiempo el reloj había marcado.

Una enfermera entra la habitación y la atiende con mucho amor, mirándola con una pena que a ella le causaba desolación porque sabía que corto tiempo le quedaba, esa misma enfermera le había ayudado a dar con el paradero de su hijo Iv
án, ahora lo esperaba día tras día con la esperanza adherida a ella como la espuma dejada en la orilla por las olas del mar, ya terminada (con) su labor, la enfermera le deposita un beso en la frente y se retira.

Tocan a la puerta, ella siente un vuelco en su corazón y dice: “pase”. Entra un hombre uniformado con cicatrices en el rostro: alto, rubio, fornido, y con unos ojos verdes que le paralizaron el corazón, era su hijo. Esos ojos verdes jamás los había olvidado
, aún cuando dejara de verlos cuando él apenas crecía, él la miraba pero no la reconocía. Sara sintió tanta tristeza que pensaba que en ese instante su vida se iba pero cobró ánimo, logró levantarse, le dijo que se acercara, tocó el rostro suavemente y le dijo que no se preocupara por no reconocerla, que ella sabía que al hablar y recordar viejas anécdotas él la recordaría, él sonrió, no tuvo más miedo de no recordarla y la perdonó, dándole una última oportunidad.


Así estuvieron madre e hijo por un corto tiempo, ella se recuper
ó un poco y pudo salir del hospital con su hijo que Dios le había devuelto. La enfermera se unió a ellos, renunciando al hospital y quedándose al cuidado de ella; compartieron, recordaron, lloraron tanto, que el amor de hijo a madre fue recuperado. Sara murió en los brazos de su hijo, su último deseo él lo había cumplido, morir mirando la noche y las estrellas con el arrullo del mar.



El Alma de un poeta se desvela en cada verso

Glendalis Lugo
agosto 3-2011


Hermosa historia. Un fondo triste y melancolico, pero pleno, pues ganó la esperanza y tuvo un buen termino, lleno de amor y satisfaccion personal. Un gran abrazo y miles de besos.
 

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