Pescador nublado
Poeta que considera el portal su segunda casa
No temerás al vacío que dejan unos labios tibios,
a la sensación que sobreviene de ya no tenerlos,
a la inevitable visión del ser incompleto
a la certeza de que esos caminos no eran los nuestros.
No tendrás miedo de que tu voz pierda sus tonos,
de que ya no llegue a los oídos deseados
a que su eco ya no regrese a tu cuerpo
a que cuando esta tiemble pueda romperse.
No temerás al vacío; ni al tuyo ni al mío.
No robarás aquello que sabes nunca fue para ti,
aquello que tiene alas y aún no aprende a usarlas.
No temerás al espacio que tus palabras crearon.
No desearás la soledad ajena,
que los días se conviertan en agua
y tu cuerpo sea el mar donde desembocan.
No desearás la risa de quienes te provocan el llanto.
No temerás a la soledad, ni al frío
no temerás cuando el viento te grite mi nombre,
no sentirás temor alguno cuando te sepas ausente.
No tendrás miedo porque soledad, frío y ausencia
fueron las únicas cosas que me permitiste darte.
a la sensación que sobreviene de ya no tenerlos,
a la inevitable visión del ser incompleto
a la certeza de que esos caminos no eran los nuestros.
No tendrás miedo de que tu voz pierda sus tonos,
de que ya no llegue a los oídos deseados
a que su eco ya no regrese a tu cuerpo
a que cuando esta tiemble pueda romperse.
No temerás al vacío; ni al tuyo ni al mío.
No robarás aquello que sabes nunca fue para ti,
aquello que tiene alas y aún no aprende a usarlas.
No temerás al espacio que tus palabras crearon.
No desearás la soledad ajena,
que los días se conviertan en agua
y tu cuerpo sea el mar donde desembocan.
No desearás la risa de quienes te provocan el llanto.
No temerás a la soledad, ni al frío
no temerás cuando el viento te grite mi nombre,
no sentirás temor alguno cuando te sepas ausente.
No tendrás miedo porque soledad, frío y ausencia
fueron las únicas cosas que me permitiste darte.
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