brokenknees
Poeta fiel al portal
Una capucha manchada de sangre seca,
e impregnada de sentimientos inútiles,
una cesta llena de cuchillos y granadas,
un cuerpo lleno de odio como su alma.
Atravesando el bosque en el ocaso,
siguiendo el sendero guiada por los aullidos,
paso a paso hablando sola y delirando,
riendo sarcásticamente rozando lo macabro.
De entre sombras inconclusas,
bañadas con rayos de luna llena,
la bestia involuntaria jadea,
al ver andar a su presa.
Mitad animal y mitad bestia,
no conciente de su real destino,
caperuza tiernamente lo mira,
interrogándole sin cesar.
Ante la última cuestión,
el animal ataca ingenuo,
caperuza incrusta sus dientes sobre su cuello,
sin compasión le tritura la yugular.
Tomando el cuchillo con firmeza,
Noventa y seis puñaladas en el plexo,
marcando la sanción impuesta,
la violencia desmembró la fantasía.
Arrastrando el cadáver por kilómetros,
la pequeña caperuza planea su visita,
a lo lejos una casa decrépita espera,
sobre fango y cráneos demolidos.
El crujir de la puerta no la estremece,
le excita pensar lo que vendrá,
al fondo del salón una silla se mece,
una anciana tuerta la saluda al entrar.
Abriendo el vientre caliente,
retirando intestinos y corazón,
un cazador semidigerido es encontrado
mientras ambas brindan en su honor.
La vieja tuerta se mece y caperuza se recuesta sobre su falda,
mientras beben la sangre en unos tazones,
devorando el cadaver conversan,
sobre demonios e invocaciones.
Historias entre líneas y líneas entre historias,
se escriben con mentalidades amorfas,
mundos paralelos se cruzan entre nosotros,
incubando dentro nuestro un salvaje monstruo.
e impregnada de sentimientos inútiles,
una cesta llena de cuchillos y granadas,
un cuerpo lleno de odio como su alma.
Atravesando el bosque en el ocaso,
siguiendo el sendero guiada por los aullidos,
paso a paso hablando sola y delirando,
riendo sarcásticamente rozando lo macabro.
De entre sombras inconclusas,
bañadas con rayos de luna llena,
la bestia involuntaria jadea,
al ver andar a su presa.
Mitad animal y mitad bestia,
no conciente de su real destino,
caperuza tiernamente lo mira,
interrogándole sin cesar.
Ante la última cuestión,
el animal ataca ingenuo,
caperuza incrusta sus dientes sobre su cuello,
sin compasión le tritura la yugular.
Tomando el cuchillo con firmeza,
Noventa y seis puñaladas en el plexo,
marcando la sanción impuesta,
la violencia desmembró la fantasía.
Arrastrando el cadáver por kilómetros,
la pequeña caperuza planea su visita,
a lo lejos una casa decrépita espera,
sobre fango y cráneos demolidos.
El crujir de la puerta no la estremece,
le excita pensar lo que vendrá,
al fondo del salón una silla se mece,
una anciana tuerta la saluda al entrar.
Abriendo el vientre caliente,
retirando intestinos y corazón,
un cazador semidigerido es encontrado
mientras ambas brindan en su honor.
La vieja tuerta se mece y caperuza se recuesta sobre su falda,
mientras beben la sangre en unos tazones,
devorando el cadaver conversan,
sobre demonios e invocaciones.
Historias entre líneas y líneas entre historias,
se escriben con mentalidades amorfas,
mundos paralelos se cruzan entre nosotros,
incubando dentro nuestro un salvaje monstruo.
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