Hay momentos en los que nos sentimos tristes, tal vez angustiados por alguna razón, insatisfechos por alguna circunstancia que nos tocó vivir, o tal vez algo no salió tan bien como esperábamos. Y puede que en ese momento sintamos disgusto, descontento, puede que frustación, e incluso enfado con uno mismo, pero también con los demás, incluso con algún ser querido, algún ser que nos quiere de verdad. Debemos saber que puede ocurrirnos a todos; puede ocurrir que alguna vez hayamos descargado nuestra frustación con alguien querido, o puede que alguien querido haya descargado la suya con nosotros. En el segundo de los casos podemos intentar comprender a la persona, comprender que todo aquel que se muestra enojado es porque no está contento consigo mismo o con alguna situación personal por la que está pasando o pasó, y perdonarlo. Pero si somos nosotros los "agresores", podemos hacer algo muy grande, y es pedir perdón. Al pedir perdón estamos curando una herida que se materializó en dos corazones, o tal vez curando un solo corazón que se materializó en dos cuerpos distintos. Pedir perdón es sanador, reconfortante, liberador, y un sentimiento muy profundo si sale del corazón. Aprendamos a pedir perdón, aprendamos a decir Te quiero.