Orfelunio
Poeta veterano en el portal

La Divina Mentira
Cada vez que veo tu retrato,
me entran ganas de destrozarlo a besos.
Imagínate, cuando estás cerca
Esa es una declaración de intenciones.
Desdibujada me dejas,
con tus besos de fuego
y tus anhelos de amor.
Aquí me tienes, toda tierra,
como soy.
No se lo pensó dos veces,
y se tiró por el balcón.
Allí, encontró el pan,
trozo y trigo del trigal;
pero el vino se derramó
con su mentira y su verdad;
y lo enterraron bajo la sal,
que a otras tierras alimentó.
Eterna y terrenal,
si la mentira es divina
y la mentira es total,
¿habrá divinidad?
Si saber de la verdad
la anula cantarina,
no hayan cojos de maldad
porque a aquella se la olvida,
y es mentira y es verdad
según el ojo con que miras.
Mas, mentiras tiene un pan
si no hay rastro de la harina,
que verdades, si las hay,
son el ¡ay! de cada día;
pues el hambre y almorzar
ni se amasan ni se lían,
y se acaban con el rito virginal
de la noche que porfía.
El perdón, que es impostor,
no se debe a ningún guía;
que será de educación
quien perdona y no se fía,
y sabrá si hay perdón
en sacrificios y sangrías.
Verdad como ninguna
divisé en esos pezones;
y verdad engrandecida
la encontré en los pantalones.
Fue el azar, la gran fortuna,
que tu alma agradecida
me mentía por cojones;
y yo que aún quería,
lo sagrado que tenías
en la miel de tus melones,
me creí, ¡qué tontería!,
que era en verdad
el capitán de tus legiones.
Y si es mentir
que no cometo,
será verdad al dividir,
lo celular que está en el feto.
Al pan, pan,
al vino, vino;
al cuarto entré,
al sexto niño;
y allí quedé
mientras dormía
el gran divino;
menudo pájaro,
si es pío, pío.