GLAVIANA
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aquella fría mañana , parecía una más, de aquel crudísimo invierno. Y en la pequeña cabaña de los hermanos Cáceres, todo presagiaba, que nada cambiaría en sus vidas, Y, siguiendo cierta rutina, Alberto y Federico, preparaban su equipo de pesca, para llegarse hasta la laguna circundante, en busca de pejerreyes y tarariras.Sacaron el viejo rastrojero, y emprendieron viaje en dirección hacia la laguna. Una vez en lugar, tomaron un bote, para intrucirse dentro de la laguna, y el placer, no tardaría en sentirse, y los celos, tampoco..., y fue Alberto quien planteó un concurso, en el que quien perdiera, también perdería sus derechos sobre la cabaña y el rastrojero de ambos...,y Federico al principio no quería, pero..., Alberto lo increpó, tratándolo de cobarde, a lo que ...,fue entonces que pese a no agradarle la idea, aceptó. Y la suerte parecía estar para Federico, que no dejaba de sacar peces enormes, y Alberto, nada. Y las agujas del reloj, ya habían visto pasar dos tercios de doce horas, y empezaban a escuchar las palabras de Federico, queriendo volver a su cabaña, y a su vez , palabras de Alberto, que decían: esperá...queremosnó un rato más...,acordaron entonces, tres horas más, y quien ganara, sería el dueño de todo...,pero el tiempo pasó, y la suerte de Alberto, resultaría irreversible.Y ya de madrugada, viendo como amanecía, y muy cansados por el desvelo,que Federico expresó claramente, que era el dueño de todo, y que por ser su hermano, y saber que no tenía a donde ir, le permitiría permanecer en la cabaña, pero, que éste, debería pagarle con trabajo, el valor que había apostado. Entonces Alberto se irritó muchísimo, por lo que veía como una conducta egoísta de parte de su hermano. Así que aceptó, esperando que Federico con los días, se olvide de este tema, y todo volviera a ser como antes de ir de pesca...., Y los días pasaban, y Alberto, se hartó, y dejó de hacer su trabajo pactado. Y fue entonces, que Federico disgustado, le dijo que sino cumplía, dado que lo que tenían, era un pacto de honor, y en ningún lado constaba, no podía hecharlo, pero sí, podía vender su mitad de la cabaña, e irse. Y ante la burla de Alberto, lo hizo. Vendió su mitad , a un matrimonio con cuatro hijos adolescentes, la familia Pérez, quienes se mudarían a vivir junto a Alberto. Al llegar los nuevos condóminos, Alberto siguió ocupando su dormitorio, y los Pérez, cuatro de sus integrantes, ocuparon la otra habitación , y los dos restantes, se amontonaron en la sala.Y empezaron unos días espantosos para Alberto, que no sólo se sentía invadido por absolutos extraños, sino que esa gente, era extraordinariamente sucia y desordenada. A tal grado era desagradable para Alberto, el convivir con estos, que se pasaba limpiando y ordenando lo que estaba a su paso, por vergüenza , de ser visitado por algún conocido, y quedar mal expuesto.Y en medio de esa realidad, añoraba aquellos tiempos de bonanza,junto a su hermano Federico ( de quien nada sabía ahora), y la necedad conque lo había tratado..., y cuanto deseaba poder tener él, la suerte de encontrar a quien vender su parte de la cabaña.
GLAVIANA
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