Umbriel
En busca de un luga más cálido
En esa hora que no es hora
me despido de la noche;
van a tener lugar, al fin
cielo, tierra y mar.
Canta el gallo
en punto la aurora,
hacia ella arrastra el poniente,
en notas broncas,
enredadas mis miradas
y las voces de aquellos árboles
viejos ya de vendavales.
Con esta luz son veleros varados
que a duras penas retienen
sus caprichosos aparejos,
se desgañitan en vano
en una lengua que no entendemos.
Como una suerte de agua ausente
discurre, valle arriba, la vida
se aposentan los colores
que la noche olvida
y, en presagio de derroche,
el primer rayo
de sangre y espigas,
alcanza mis pupilas
como me alcanzó el amor
antes, cuando te miraba
mientras dormías,
mientra soñaba.
R.
me despido de la noche;
van a tener lugar, al fin
cielo, tierra y mar.
Canta el gallo
en punto la aurora,
hacia ella arrastra el poniente,
en notas broncas,
enredadas mis miradas
y las voces de aquellos árboles
viejos ya de vendavales.
Con esta luz son veleros varados
que a duras penas retienen
sus caprichosos aparejos,
se desgañitan en vano
en una lengua que no entendemos.
Como una suerte de agua ausente
discurre, valle arriba, la vida
se aposentan los colores
que la noche olvida
y, en presagio de derroche,
el primer rayo
de sangre y espigas,
alcanza mis pupilas
como me alcanzó el amor
antes, cuando te miraba
mientras dormías,
mientra soñaba.
R.
Última edición: