Hector Alberto Villarruel
Poeta que considera el portal su segunda casa
[video=youtube_share;4w1CpszxNzU]http://youtu.be/4w1CpszxNzU[/video]
Ellos, los suspiros de la estatua en mis sueños
demandaban brechas de palabras sin cielos,
junto a los trenes de arcillas dormidas
en lágrimas de frutas adormecidas.
Tu, sin miradas en las inquietas arenas
despertás locomotoras en los bosques salváticos,
donde se juntaban las cenizas ya escritas
y hacíamos signos alucinantes sin sorprendernos.
Esas siluetas con humo de sábanas mojadas
imaginaron las ideas de alejarse,
eran frutos de las margaritas pasadas
con cabellos y pieles transpiradas.
Invitado por los talles de las sombras,
sonrisas pálidas y amorosas,
sin sentir ni un solo latido
de los árboles caídos entre los trenes,
mientras el placer empuñado como mujer
fue, como párpados clavados sin espinas.
Nunca el dolor, si la alegría
todo el tiempo inmóvil y la cabeza girando
apoyada en la costumbre final
de haber terminado irónicamente,
el placer del lecho
haciéndonos el amor.
Hector Alberto Villarruel.
Ellos, los suspiros de la estatua en mis sueños
demandaban brechas de palabras sin cielos,
junto a los trenes de arcillas dormidas
en lágrimas de frutas adormecidas.
Tu, sin miradas en las inquietas arenas
despertás locomotoras en los bosques salváticos,
donde se juntaban las cenizas ya escritas
y hacíamos signos alucinantes sin sorprendernos.
Esas siluetas con humo de sábanas mojadas
imaginaron las ideas de alejarse,
eran frutos de las margaritas pasadas
con cabellos y pieles transpiradas.
Invitado por los talles de las sombras,
sonrisas pálidas y amorosas,
sin sentir ni un solo latido
de los árboles caídos entre los trenes,
mientras el placer empuñado como mujer
fue, como párpados clavados sin espinas.
Nunca el dolor, si la alegría
todo el tiempo inmóvil y la cabeza girando
apoyada en la costumbre final
de haber terminado irónicamente,
el placer del lecho
haciéndonos el amor.
Hector Alberto Villarruel.
Última edición: