Roman Vieira
El cuervo rojo que te observa en silencio.
Stop.
Vienes de nuevo y
me encuentras.
¿Para que?
Para contarnos
¿Pasado y tiempo?
¿Las manos y sus roces?
Un beso y solo eso.
Desnúdate de nuevo
Como antes,
a paso cansino y en silencio,
sin pronunciar mí nombre
ni urdirme una palabra.
Desnúdate, te encuentro.
Y volvemos, pero
¿Adonde?,
¿A la falacia?
¿A tu cama o la mía?
A la mentira de los rostros.
A revolcarnos en miseria.
No somos los de antes,
pero aún me buscas
y me esperas,
atrapada en rojos labios,
con el cuerpo desnudo
y la sonrisa más incierta.
No somos los mismos,
pero aún nada ha cambiado
Y seguimos.
Seguimos, pues, con la mentira,
con la vuelta del degrado
y las horas llagándonos los cuerpos.
Y me buscas
Para encontrarme ahí,
perdido en tus adentros,
cimbrando tu campo santo
como tormenta de culpas
en el mar de tus lamentos.
Y somos como dos niños asustados,
sin un presente ni un futuro
Y quizás sin un pasado.
Tan vacíos y ausentes de todo,
tan hilvanados a la soledad
Como solo las estrellas en el cielo.
Y me buscas en tu cama
entre los brazos de una noche fría,
con los gemidos ausentes de tu pecho
pero anidados a la espera de tus labios
bajo el celo secreto de tus piernas.
Y me buscas, pero esta vez
Soy yo quien ya no quiere verte.
-Stop-
Vienes de nuevo y
me encuentras.
¿Para que?
Para contarnos
¿Pasado y tiempo?
¿Las manos y sus roces?
Un beso y solo eso.
Desnúdate de nuevo
Como antes,
a paso cansino y en silencio,
sin pronunciar mí nombre
ni urdirme una palabra.
Desnúdate, te encuentro.
Y volvemos, pero
¿Adonde?,
¿A la falacia?
¿A tu cama o la mía?
A la mentira de los rostros.
A revolcarnos en miseria.
No somos los de antes,
pero aún me buscas
y me esperas,
atrapada en rojos labios,
con el cuerpo desnudo
y la sonrisa más incierta.
No somos los mismos,
pero aún nada ha cambiado
Y seguimos.
Seguimos, pues, con la mentira,
con la vuelta del degrado
y las horas llagándonos los cuerpos.
Y me buscas
Para encontrarme ahí,
perdido en tus adentros,
cimbrando tu campo santo
como tormenta de culpas
en el mar de tus lamentos.
Y somos como dos niños asustados,
sin un presente ni un futuro
Y quizás sin un pasado.
Tan vacíos y ausentes de todo,
tan hilvanados a la soledad
Como solo las estrellas en el cielo.
Y me buscas en tu cama
entre los brazos de una noche fría,
con los gemidos ausentes de tu pecho
pero anidados a la espera de tus labios
bajo el celo secreto de tus piernas.
Y me buscas, pero esta vez
Soy yo quien ya no quiere verte.
-Stop-