Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Te escribo para que comprendas lo que pienso, lo que siento y me gustaría. Lo hago para ahorrarte suspicacias y que sepas a fe viva que no te olvido ni despierto ni dormido, y que más te quiero cuando necio creo que por salud mental debo olvidarte y entiendo que tú no eres enfermedad, y si la cura del pasado que me duele en la médula del hueso; te escribo para que comprendas que si algún día deseas emprender el regreso estaré esperándote con los brazos abiertos sin preguntas comprometedoras, ni besos que no quieras, con harina para pan en la alacena y flores frescas custodiando tu fotografía. Para que sepas que estoy en donde me dejaste, contando, escribiendo, inventando en cada tarde cada uno de los horizontes a los que has faltado. Te escribo porque sé en carne propia lo que arde estar tan solo y que el ardor que quiero para ti es sólo el de tus mejillas encendidas con rubor de media tarde, porque sé muy bien cuanta nostalgia se desperdicia en los besos que no llegan a ninguna parte y que para morir se mecen lento como el viento, lento cual suspiro en errado derrotero. Te escribo para contarte que sigo siendo libre, pues sin ti ninguno de los versos que te he escrito han podido atraparme, para que sepas que lo dicho ante tus ojos mientras respiraba tu aliento de manzanilla es verdad y no el calor de una tarde. Te escribo porque sí, y para hacerle un ruido tal a mi silencio que pueda gritar muy fuerte que regreses a vivir en mi futuro sin que los vecinos se alarmen, para llenar de papel otra botella, para ver si Dios quiere que la tinta se termine, para llenar de ti la magia de las tardes, y para decirte que por las mañanas y en las noches sigues siendo tú el tema elegido en mis oraciones.
12.10.11 En una tarde tan gris que sólo permite ver en su mirada de nostalgia la luz de su recuerdo.
Nota 1. a ti que has dirigido la flecha de Cupido a mi costado...
Nota 2. a ti que aun no sabes los besos que te caben en la boca
Nota 3. ti que has detenido con un beso el reloj, a ti que me enfermas, a ti que eres mi envenenada medicina.
Notas cortesía de Joaquín Sabina
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