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Piedras en los bolsillos

Nos dejas un cuadro de soledad,
del protagonista que se refugia en la bebida?
cosas de la vida...problema de esta sociedad...
hay personas que no se dejan ayudar...un problema gordo de esta sociedad
triste realidad...pero es lo que que hay.
Un placer haber pasado, un beso Daniel

Es una cárcel en el vacío.

Gracias amiga por tu paso. Mi cariño.
 
Buscando en los bolsillos
las piedras rescatadas de los íconos,
de los años que aún sobreviven al deshielo,
y todo palidece en la hambruna
que limita la memoria a futuro.

Qué hay, qué queda después de la embriaguez,
luego de los tragos amargos
que socavan los cimientos del empeño.

Ser barro, amasijo de un orfebre sin manos
que no entalló en la rueda sus formas
ni su esencia ni su perfume de niño.
Y se fagocita sin atenuantes ni prórroga
como viento en la grieta de la roca
que pasa en silbo
y aturde la sordera del silencio
de una guerra derrotada.

Ha visto morir demasiadas vidas,
todas en una, una en cada mañana;
de boca troglodita, ansiosa
por acosar los pies que tiemblan
cuando el remesón socava.

/No sé, no sé,
palabras huecas,
diamantadas cuchillas de lenguas/

/Soy eso, soy eso,
gritando a los oídos fantasmales
desposeídos de perdones,
y esta sumisión fascinada por la muerte
que arremolina sobre coronas secas/

Se ha despintado el hombre marrón,
el árbol que llora pájaros
incendia sus nidos,
mientras sobreviene la noche
de la cadavérica memoria,
que no se resigna a ser menos
que un apéndice de olvidos,
epitafio del absurdo libreto de la vida.

DANIEL

¡Qué imágenes más conmovedoras!

Mi admiración a tu talento poético.

Un fuerte abrazo.


 
Absurdo, eso es. Uno se ausenta a veces de la dicha por probar suerte con el tedio, pero siempre es grato volver a las fuentes de esa poesía sin corbatas ni fastos, pura.
Volver a tus autorretratos es volver siempre a un punto de partida donde no hay concesiones al Yo que busca lo bello en sus propias sombras y se interioriza. Es una devastación absoluta que arredra y que fascina, que llama, que recuerda bien el lugar del que no vinimos y al que no habremos de llegar cuando lleguemos.
Siempre sobrevive tu voz al periplo que arriesga en ti. Y sobrevive contigo. Y te sobrevivirá sin duda (y es la manera en que sobrevivirás muy por encima de toda esperanza de subsistencia).
Mi mano extendida, buen amigo.
 
Absurdo, eso es. Uno se ausenta a veces de la dicha por probar suerte con el tedio, pero siempre es grato volver a las fuentes de esa poesía sin corbatas ni fastos, pura.
Volver a tus autorretratos es volver siempre a un punto de partida donde no hay concesiones al Yo que busca lo bello en sus propias sombras y se interioriza. Es una devastación absoluta que arredra y que fascina, que llama, que recuerda bien el lugar del que no vinimos y al que no habremos de llegar cuando lleguemos.
Siempre sobrevive tu voz al periplo que arriesga en ti. Y sobrevive contigo. Y te sobrevivirá sin duda (y es la manera en que sobrevivirás muy por encima de toda esperanza de subsistencia).
Mi mano extendida, buen amigo.

Qué pensamientos develadores de mi inexacto yo. No es inexacto lo que lees, es exacto que quiera ocultarme en lo que no soy o soy pero lo niego porque el yo complicado me supera.
Infinitas gracias por tus enriquecedoras lecturas.

Mi amistad sincera, amigo Pedro. Gracias.
 
Buscando en los bolsillos
las piedras rescatadas de los íconos,
de los años que aún sobreviven al deshielo,
y todo palidece en la hambruna
que limita la memoria a futuro.

Qué hay, qué queda después de la embriaguez,
luego de los tragos amargos
que socavan los cimientos del empeño.

Ser barro, amasijo de un orfebre sin manos
que no entalló en la rueda sus formas
ni su esencia ni su perfume de niño.
Y se fagocita sin atenuantes ni prórroga
como viento en la grieta de la roca
que pasa en silbo
y aturde la sordera del silencio
de una guerra derrotada.

Ha visto morir demasiadas vidas,
todas en una, una en cada mañana;
de boca troglodita, ansiosa
por acosar los pies que tiemblan
cuando el remesón socava.

/No sé, no sé,
palabras huecas,
diamantadas cuchillas de lenguas/

/Soy eso, soy eso,
gritando a los oídos fantasmales
desposeídos de perdones,
y esta sumisión fascinada por la muerte
que arremolina sobre coronas secas/

Se ha despintado el hombre marrón,
el árbol que llora pájaros
incendia sus nidos,
mientras sobreviene la noche
de la cadavérica memoria,
que no se resigna a ser menos
que un apéndice de olvidos,
epitafio del absurdo libreto de la vida.


Recuerdos, trenzados en el sentido presente de la palabra, dando vuelcos, entre el instante real, y el ayer imaginario. Con un final quieto, fuerte, sobrellevando el cuerpo hasta el final, quien soy.
Un placer compañero, buen poema con una mixtura de surrealismo apasionante.
Abrazos poeta
german g
 
Recuerdos, trenzados en el sentido presente de la palabra, dando vuelcos, entre el instante real, y el ayer imaginario. Con un final quieto, fuerte, sobrellevando el cuerpo hasta el final, quien soy.
Un placer compañero, buen poema con una mixtura de surrealismo apasionante.

german g


Gracias amigo poeta por tu exquisita lectura.

Saludos.
Abrazos poeta
 
Qué hay, qué queda después de la embriaguez,
luego de los tragos amargos...

... epitafio del absurdo libreto de la vida.

Hermoso, gracias por este extraordinario melancólico.

Abrazos.
 
Busca en los bolsillos
las piedras rescatadas de los íconos,
de los años que aún sobreviven al deshielo,
y todo palidece en la hambruna
que limita la memoria a futuro.

Qué hay, qué queda después de la embriaguez,
luego de los tragos amargos
que socavan los cimientos del empeño.

Ser barro, amasijo de un orfebre sin manos
que no entalló en la rueda sus formas
ni su esencia ni su perfume de niño.
Y se fagocita sin atenuantes ni prórroga,
como viento en la grieta de la roca
que pasa en silbo
y aturde la sordera del silencio
de una guerra derrotada.

Ha visto morir demasiadas vidas,
todas en una, una en cada mañana;
de boca troglodita, ansiosa
por acosar los pies que tiemblan
cuando el remesón socava.

/No sé, no sé,
palabras huecas,
diamantadas cuchillas de lenguas/

/Soy eso, soy eso,
gritando a los oídos fantasmales
desposeídos de perdones,
y esta sumisión fascinada por la muerte
que arremolina sobre coronas secas/

Se ha despintado el hombre marrón;
el árbol que llora pájaros
incendia sus nidos,
mientras sobreviene la noche
de la cadavérica memoria,
que no se resigna a ser menos
que un apéndice de olvidos,
epitafio del absurdo libreto de la vida.


Cipres
He vuelto sobre tus letras
para decir cuánto te admiro
un abrazo
Ana
 

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