Alejandro Magno
Poeta recién llegado
Una noche opaca caminaba el con la lluvia de la mano.
No se mojaba, o mejor aún quizás ni siquiera le importaba.
Caminaba como de costumbre, ensimismado en sus pensamientos.
Hoy, cabreado, porque además del cielo se le escurría su tiempo.
No es que no quisiera un corazón para refugiarse,
pero es que en plena tormenta no conviene ensuciar en otra parte.
“Piénsalo bien antes de quererme” (escondió ese grito en un trueno). Ahogándose en un charco, contemplando su reflejo.
Se justificaba en eso de que siempre que paro volvió a llover,
así como lo malo siempre es más fácil de creer.
Pero para llevar adelante el amor, tendrás que ser el amor.
Bien sabes que el barro se quita mas fácil de a dos.
Valor hace falta para marcharse pero más aún para volver,
y aunque te duela el brazo de darlo a torcer, has de hacerlo cada dos por tres.
Que si lo padece el Sol que en pleno eclipse se arrodilla ante la luna,
¿por qué no habríamos nosotros de enamorarnos hasta perder la cordura?
Harto, detuvo su marcha y contempló al firmamento.
“¿Por qué me mojas?” susurró. “
Es lo que eternamente padecen aquellos
que dudan del verdadero amor”
No se mojaba, o mejor aún quizás ni siquiera le importaba.
Caminaba como de costumbre, ensimismado en sus pensamientos.
Hoy, cabreado, porque además del cielo se le escurría su tiempo.
No es que no quisiera un corazón para refugiarse,
pero es que en plena tormenta no conviene ensuciar en otra parte.
“Piénsalo bien antes de quererme” (escondió ese grito en un trueno). Ahogándose en un charco, contemplando su reflejo.
Se justificaba en eso de que siempre que paro volvió a llover,
así como lo malo siempre es más fácil de creer.
Pero para llevar adelante el amor, tendrás que ser el amor.
Bien sabes que el barro se quita mas fácil de a dos.
Valor hace falta para marcharse pero más aún para volver,
y aunque te duela el brazo de darlo a torcer, has de hacerlo cada dos por tres.
Que si lo padece el Sol que en pleno eclipse se arrodilla ante la luna,
¿por qué no habríamos nosotros de enamorarnos hasta perder la cordura?
Harto, detuvo su marcha y contempló al firmamento.
“¿Por qué me mojas?” susurró. “
Es lo que eternamente padecen aquellos
que dudan del verdadero amor”
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