Alan Sink
Poeta recién llegado
A domicilio
Hace que me ponga nervioso, una espina se encaja cerca de los tímpanos.
Mucho gusto, mi nombre es Gabriella. Todo indica que será una noche fascinante ¿No crees? Tengo los dedos entumecidos, me encanta el frio, pero solo cuando me protegen tus manos. Anda tócame lento, hasta el vientre. Por fin te encontré. Sé que no me conoces, pero tú serás mi ingenio, te gastarás y entonces, yo seré tu descanso a medio día.
El fondo crecía, bebíamos en copas de Martin Oliva. El lujo no era problema, pero su espalda parecía tallada por diamantes.
¿A que se debe el Demasiado? Siento el roce Gabriella, pero desconozco tu fama, que al parecer, se esfuma con tu sonrisa. Y esos largos y finos cortejos ¿Escaparon del libro de tu boca? Hoy no daré las gracias por nada, aún tus manos busquen las mías y el chelo acompañe a los músicos, siempre serás mi guitarra. Eso y nada más.
Las manos alcanzan la nota. El manantial volátil de pronto se transparenta. Todo suena a su aroma, de-cadencia.
Romanze en A menor. Detrás del ocaso, en ciudad de extraño hemisferio. Cantando en las banquetas, de suerte, fue un instante el capricho adhesivo. Todo se detuvo. Era un chicle. Aquel transeúnte se encontró con un billete huérfano. Con su padre en la portada y una mujerzuela de fondo. Como todo el dinero: corriente. Silencio-momento-silencio.
Me despegué de la ventana, busqué con la mirada tu forma. Tienes forma de Gabriella. Y tu fantasma se parece al suyo. Incluso el cascajo vacío que dejó su voz, se ajusta al mismo tono. Tienes los ojos de Elvira, amante de Alex Fox. Por fin puedes escapar en armonía y refugiarte en los pabellones.
Se fue a otro barrio. Se estiró las arrugas y como nunca se perfumó. Los arpegios eran su esencia.
Alan Sink
Hace que me ponga nervioso, una espina se encaja cerca de los tímpanos.
Mucho gusto, mi nombre es Gabriella. Todo indica que será una noche fascinante ¿No crees? Tengo los dedos entumecidos, me encanta el frio, pero solo cuando me protegen tus manos. Anda tócame lento, hasta el vientre. Por fin te encontré. Sé que no me conoces, pero tú serás mi ingenio, te gastarás y entonces, yo seré tu descanso a medio día.
El fondo crecía, bebíamos en copas de Martin Oliva. El lujo no era problema, pero su espalda parecía tallada por diamantes.
¿A que se debe el Demasiado? Siento el roce Gabriella, pero desconozco tu fama, que al parecer, se esfuma con tu sonrisa. Y esos largos y finos cortejos ¿Escaparon del libro de tu boca? Hoy no daré las gracias por nada, aún tus manos busquen las mías y el chelo acompañe a los músicos, siempre serás mi guitarra. Eso y nada más.
Las manos alcanzan la nota. El manantial volátil de pronto se transparenta. Todo suena a su aroma, de-cadencia.
Romanze en A menor. Detrás del ocaso, en ciudad de extraño hemisferio. Cantando en las banquetas, de suerte, fue un instante el capricho adhesivo. Todo se detuvo. Era un chicle. Aquel transeúnte se encontró con un billete huérfano. Con su padre en la portada y una mujerzuela de fondo. Como todo el dinero: corriente. Silencio-momento-silencio.
Me despegué de la ventana, busqué con la mirada tu forma. Tienes forma de Gabriella. Y tu fantasma se parece al suyo. Incluso el cascajo vacío que dejó su voz, se ajusta al mismo tono. Tienes los ojos de Elvira, amante de Alex Fox. Por fin puedes escapar en armonía y refugiarte en los pabellones.
Se fue a otro barrio. Se estiró las arrugas y como nunca se perfumó. Los arpegios eran su esencia.
Alan Sink