Flor de agosto
Poeta que considera el portal su segunda casa
Podía ver en la oscuridad inmensa de mi espacio y había un estruendo constante que me suplía la calma en la solitaria morada suspendida dentro de tu víscera hueca. Movía mis dedos sin saber lo que eran y abrí mis parpados para ver las tinieblas. Súbitamente, un impulso brusco me impulsaba hacia abajo. Fue una presión enorme que me empujaba. Sentí una perturbación angustiosa que jamás había sentido y por primera vez tuve conciencia del miedo. También reconocí tiempo y espacio. Deduje que el miedo me hacia reaccionar de una manera violenta para retenerme en ti e hice todo lo posible por no dejarte pero ante mi se abrió un camino del que nunca había sabido. La presión parecía eterna y la residencia donde moraba tranquilamente sufrió un agravio que me expulsaba en dirección a ese camino incógnito. A pesar de lo estrecho, comencé la travesía por el angosto trecho y sentí que mi cuerpo se deformaba para atravesar el desconocido corredor através del que concluí que el resultado del acontecimiento estaba fuera de mi control. De repente vi una luz que se hacia mas intensa mientras mi cuerpo penetraba ese pasillo tenebroso. La luz era chocante y pasé de miedo a terror, pero no sabia que era terror. Mi cuerpo temblaba. La incertidumbre me paralizó hasta el fin de ese camino cuando el viaje terminó. Sentí un frío intenso y mi cuerpo involuntariamente se retorcía frenéticamente. Instintivamente busqué aire para respirar pero sentí que me ahogaba en mis propios fluidos. De pronto escuché un grito escandaloso que yo misma manifestaba. Alcé la vista y allí estaban tus ojos. Me tomaste un tus brazos y me acercaste a ti; sentí el calor de tu piel. Escuché ese estruendo constante que un día me daba la calma y recordé que era feliz. Sin saber lo que hacia busqué tus pechos y bebí el jugo de vida que guardabas para mi. Ese fue el día en que te conocí y jamás lo olvidaré.
--Me contó mi hija esta mañana.
--Me contó mi hija esta mañana.
Última edición: