yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
El mar es una mujer que me besa los pies con besos líquidos,
bajo una luna celosa y en una alfombra de arena,
el mar se quedo picado en un insomnio de peces;
a veces una llamarada de mercurio
pinta de rojo sus labios y el mar se viste de ninfa,
bailando, siempre bailando.
El mar es una mujer que con manos de espuma va reptando por mi piel
después se torna frió
y se aleja por instantes a tenderse sobre la playa
con languidez de reptil,
mientras un sol obsceno y procaz desnuda sobre su vientre
su lujuria de metal.
El mar no puede estar quieto y se agita convulsivo
con insistencia de niño,
suave como un corderillo llega a lamer mis manos,
y se tiende por mis pies con postración de vestal,
se agita, convulsiona y luego estalla en orgasmos de olas
desliéndose en las rocas que penetran en sus aguas.
El mar es una mujer.
Una vez acabado su coito con el sol
se viste de Mesalina
a fornicar con la noche
en una cama de arena,
parirán hijos de escamas
con la sonrisa de luna.
El mar es una mujer
bajo una luna celosa y en una alfombra de arena,
el mar se quedo picado en un insomnio de peces;
a veces una llamarada de mercurio
pinta de rojo sus labios y el mar se viste de ninfa,
bailando, siempre bailando.
El mar es una mujer que con manos de espuma va reptando por mi piel
después se torna frió
y se aleja por instantes a tenderse sobre la playa
con languidez de reptil,
mientras un sol obsceno y procaz desnuda sobre su vientre
su lujuria de metal.
El mar no puede estar quieto y se agita convulsivo
con insistencia de niño,
suave como un corderillo llega a lamer mis manos,
y se tiende por mis pies con postración de vestal,
se agita, convulsiona y luego estalla en orgasmos de olas
desliéndose en las rocas que penetran en sus aguas.
El mar es una mujer.
Una vez acabado su coito con el sol
se viste de Mesalina
a fornicar con la noche
en una cama de arena,
parirán hijos de escamas
con la sonrisa de luna.
El mar es una mujer
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