Una rosa roja

Vicent

Poeta recién llegado
Teresa acudía puntualmente como todas las mañanas al cementerio a primera hora. Había perdido a su único hijo en un accidente de automovil, hacía justo un año. Desde el accidente de su hijo, Teresa había perdido la ilusión, y solía entrar en depresión con mucha facilidad. No podía hacerse a la idea de haberlo perdido...

Y un día soñó, soñó con él, soñó con su hijo.Y soñó que se acercaba a ella, con cara de felicidad, y ponía en sus manos una rosa roja. Con lágrimas en los ojos, Teresa lo abrazó...y despertó.

Cuando despertó, había en ella sentimientos contrapuestos; por un lado se sentía bien. Aquel encuentro con su hijo en sueños le había causado mucho bienestar, pero rápidamente lo había racionalizado, diciéndose a si misma que sólo había sido un sueño, que su hijo estaba muerto, y que no había motivos para tener ningún sentimiento de alegría. A la mañana siguiente fue como de costumbre al cementerio. Arregló los claveles amarillos que solía poner allí, junto a la imagen de su querido hijo, y estuvo, como también tenía por costumbre, unos momentos en silencio.Y de pronto escuchó unos pasos que se dirigían hacia ella, y una voz que decía: -¡Señora! Teresa se dio la vuelta, y vio a un chico joven, de edad parecida a la de su hijo, que se acercó, y cuando estuvo frente a ella, puso en sus manos una rosa roja, diciéndole:
-Señora, le he traido rosas a mi madre, que falleció justo hace un año, pero ésta ya no me cabía, ¿la quiere usted?

Y Teresa lloró, lloró de alegría, y lo abrazó.

El chico no entendía nada...pero ella...lo comprendió todo.

Comprendió que su hijo no se había marchado para siempre, comprendió que parte de él seguía intacta. Y comprendió que la rosa era un mensaje, un mensaje que le decía que debía estar bien, que no se preocupara y que no debía estar triste.
Por supuesto que la vida de Teresa cambió para siempre en ese instante. Ahora sabía que su hijo estaba bien, que de alguna forma había seguido su camino, y que en realidad...no lo había perdido para siempre, como ella había creido hasta ese día.

Teresa sigue cada mañana acudiendo al cementerio, como ha sido su costumbre hasta el día de hoy, y como lo será hasta que deje esta vida, pero ahora acude allí con alegría, con la alegría de saber que su ser querido en realidad no murió el día del accidente, ni ella tampoco moriría ya nunca más...
 
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Julia, permíteme una pregunta: el reconocimiento que me habeis otorgado es al "relato del mes", pero sin embargo he observado que sólo habeis concedido 18 reconocimientos de esta categoría. ¿Es porque Mundo poesía lleva 18 meses de vida? Creo que lleva bastante más, pero sácame de dudas...
 
creo que fue el titulo lo que incito a leerte y ...oh sorpresa veo que te dieron el premio a nuevo talento,me alegro mucho por ti ,espero seguir leyendote .me emociono tu relato y fue un verdadero placer leerte.bienvenido!!!
 
Una narrativa que merece ser premiada.ABRAZOS
 
creo que fue el titulo lo que incito a leerte y ...oh sorpresa veo que te dieron el premio a nuevo talento,me alegro mucho por ti ,espero seguir leyendote .me emociono tu relato y fue un verdadero placer leerte.bienvenido!!!

Gracias princesa. Un placer haberte causado emoción. Un abrazo.
 
Teresa acudía puntualmente como todas las mañanas al cementerio a primera hora. Había perdido a su único hijo en un accidente de automovil, hacía justo un año. Desde el accidente de su hijo, Teresa había perdido la ilusión, y solía entrar en depresión con mucha facilidad. No podía hacerse a la idea de haberlo perdido...

Y un día soñó, soñó con él, soñó con su hijo.Y soñó que se acercaba a ella, con cara de felicidad, y ponía en sus manos una rosa roja. Con lágrimas en los ojos, Teresa lo abrazó...y despertó.

Cuando despertó, había en ella sentimientos contrapuestos; por un lado se sentía bien. Aquel encuentro con su hijo en sueños le había causado mucho bienestar, pero rápidamente lo había racionalizado, diciéndose a si misma que sólo había sido un sueño, que su hijo estaba muerto, y que no había motivos para tener ningún sentimiento de alegría. A la mañana siguiente fue como de costumbre al cementerio. Arregló los claveles amarillos que solía poner allí, junto a la imagen de su querido hijo, y estuvo, como también tenía por costumbre, unos momentos en silencio.Y de pronto escuchó unos pasos que se dirigían hacia ella, y una voz que decía: -¡Señora! Teresa se dio la vuelta, y vio a un chico joven, de edad parecida a la de su hijo, que se acercó, y cuando estuvo frente a ella, puso en sus manos una rosa roja, diciéndole:
-Señora, le he traido rosas a mi madre, que falleció justo hace un año, pero ésta ya no me cabía, ¿la quiere usted?

Y Teresa lloró, lloró de alegría, y lo abrazó.

El chico no entendía nada...pero ella...lo comprendió todo.

Comprendió que su hijo no se había marchado para siempre, comprendió que parte de él seguía intacta. Y comprendió que la rosa era un mensaje, un mensaje que le decía que debía estar bien, que no se preocupara y que no debía estar triste.
Por supuesto que la vida de Teresa cambió para siempre en ese instante. Ahora sabía que su hijo estaba bien, que de alguna forma había seguido su camino, y que en realidad...no lo había perdido para siempre, como ella había creido hasta ese día.

Teresa sigue cada mañana acudiendo al cementerio, como ha sido su costumbre hasta el día de hoy, y como lo será hasta que deje esta vida, pero ahora acude allí con alegría, con la alegría de saber que su ser querido en realidad no murió el día del accidente, ni ella tampoco moriría ya nunca más...
Muy bonito tu relato, melancólico, triste pero a la vez alegre por su final, ha sido u placer leerlo poeta, saludos y estrellas, Ricardo.
 
Teresa acudía puntualmente como todas las mañanas al cementerio a primera hora. Había perdido a su único hijo en un accidente de automovil, hacía justo un año. Desde el accidente de su hijo, Teresa había perdido la ilusión, y solía entrar en depresión con mucha facilidad. No podía hacerse a la idea de haberlo perdido...

Y un día soñó, soñó con él, soñó con su hijo.Y soñó que se acercaba a ella, con cara de felicidad, y ponía en sus manos una rosa roja. Con lágrimas en los ojos, Teresa lo abrazó...y despertó.

Cuando despertó, había en ella sentimientos contrapuestos; por un lado se sentía bien. Aquel encuentro con su hijo en sueños le había causado mucho bienestar, pero rápidamente lo había racionalizado, diciéndose a si misma que sólo había sido un sueño, que su hijo estaba muerto, y que no había motivos para tener ningún sentimiento de alegría. A la mañana siguiente fue como de costumbre al cementerio. Arregló los claveles amarillos que solía poner allí, junto a la imagen de su querido hijo, y estuvo, como también tenía por costumbre, unos momentos en silencio.Y de pronto escuchó unos pasos que se dirigían hacia ella, y una voz que decía: -¡Señora! Teresa se dio la vuelta, y vio a un chico joven, de edad parecida a la de su hijo, que se acercó, y cuando estuvo frente a ella, puso en sus manos una rosa roja, diciéndole:
-Señora, le he traido rosas a mi madre, que falleció justo hace un año, pero ésta ya no me cabía, ¿la quiere usted?

Y Teresa lloró, lloró de alegría, y lo abrazó.

El chico no entendía nada...pero ella...lo comprendió todo.

Comprendió que su hijo no se había marchado para siempre, comprendió que parte de él seguía intacta. Y comprendió que la rosa era un mensaje, un mensaje que le decía que debía estar bien, que no se preocupara y que no debía estar triste.
Por supuesto que la vida de Teresa cambió para siempre en ese instante. Ahora sabía que su hijo estaba bien, que de alguna forma había seguido su camino, y que en realidad...no lo había perdido para siempre, como ella había creido hasta ese día.

Teresa sigue cada mañana acudiendo al cementerio, como ha sido su costumbre hasta el día de hoy, y como lo será hasta que deje esta vida, pero ahora acude allí con alegría, con la alegría de saber que su ser querido en realidad no murió el día del accidente, ni ella tampoco moriría ya nunca más...
Preciosa historia la que cuentas en tu prosa, el titulo ya hace que empieces a leerla. ha sido un placer dejar mi huella en tus letras. Te felicito por tu trabajo. Un abrazo. Tere
 

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