prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Había una hoja en el árbol,
era la ultima que quedaba.
El caracol, desde los raíces
intentaba alargar sus ojos,
para mirarla como brillaba en el sol.
Amarilla. era como una playa, en su sentir,
y con una gota de roció, que podría ser el mar.
Empezó a subir por el tronco desnudo
y en el camino su cuerpecito se hería
de la corteza dura,
pero estaba acostumbrado a las heridas.
Pasó un día, pasaron dos
y llegó a esa rama muy delgada.
Despacito, se le acercó a la hoja y respiró profundamente,
finalmente podía descansar.
Entonces un viento frió sacudió el aire
de lo que le sobraba....
Y el caracolito, de pena, abandonó su casa
y nunca volvió a tener otra.
era la ultima que quedaba.
El caracol, desde los raíces
intentaba alargar sus ojos,
para mirarla como brillaba en el sol.
Amarilla. era como una playa, en su sentir,
y con una gota de roció, que podría ser el mar.
Empezó a subir por el tronco desnudo
y en el camino su cuerpecito se hería
de la corteza dura,
pero estaba acostumbrado a las heridas.
Pasó un día, pasaron dos
y llegó a esa rama muy delgada.
Despacito, se le acercó a la hoja y respiró profundamente,
finalmente podía descansar.
Entonces un viento frió sacudió el aire
de lo que le sobraba....
Y el caracolito, de pena, abandonó su casa
y nunca volvió a tener otra.
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