Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
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Sé que eres para mí, allá en la distancia, un espejismo creado a partir de la luz que vi en ti cuando después de acariciarte me quedé preso de tus cejas; sé que eres el brebaje que no cura más y que sabe a manzanilla, un verso escrito en tu espalda que murió de adiós de agua y regadera; un poema interminable que crece al mismo tiempo que agoniza de tristeza al saber que no ha sido leído.
Sé que eres el invento de mis sentimientos que tercos se niegan a fallarte y necios no quieren por nada mirarte con los ojos.
Hay noches, como la de ayer, en las que admiro con incredulidad la inmunidad que tiene tu sentir por mis palabras, noches en las que quisiera ser como eres tú para olvidarte, noches, terrón de cielo, que no entiendo como es posible que sólo me digas que descanse cuando habiendo luna llena te dedico el lunar de Dios que está en tu cielo; que no digas nada cuando te escribo que ésta noche la luna se ha colgado una estrella de pendiente y que el pendiente eres tú que no regresas, tú que no te sales de mi corazón ni de mi mente.
Hay noches, mirada de aceituna, en las que quisiera llegar al refugio de los sueños y dejarte afuera y soñar con barquitos de papel naufragando en la tormenta y olvidarme de tu piel, de tus tres lunares de lucero, de tus labios y lengua de acertijo y abrazarme de la almohada haciéndome un ovillo y ser como eres tú y olvidarme de que existo, aquí, en tu distancia.
10.12.11 En una noche en la que la ultima luna llena del año ha entrado por las goteras de mis sentimientos cual si fuera cera de la vela que le enciendo para que sea su faro, para que regrese.
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