Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Después tú
Creo que habría sido mejor que al irte te hubieras llevado el remedio aquel que usábamos para que los amaneceres no llegaran pronto cuando nos sobraba aliento, dedos, piel, y luz en la mirada y besos que avivaban el fuego entre los cuerpos cuando nos faltaba noche para echar al vuelo las campanas y los fuegos de artificio , cuando no importaba nada que no estuviera en el buró, o sobre la cama.
Sin embargo, preferiste dejármelo en la carne, en los huesos, debajo de la piel, sobre la piel, en el aliento de la habitación donde morábamos y le enseñábamos al tiempo a envejecer con calma.
Ahora, ya lo ves, no se qué hacer con los insomnios ni con los sueños que se caen como hojas en otoño, como mentiras, como agua en las mejillas.
Las cosas de la vida por aquí, piel de luna, no han sido sencillas, me duele tu ausencia en la parte izquierda de mis noches, en el hueco de mi abrazo, en los párpados que por las noches se desbordan sobre el mar de las almohadas, en los versos que suplican otra vez tu piel para no morirse de esperanza.
Ojalá te hubieras ido con todos los remedios, y ya, ¡aleluya! yo a suspirarte, a reinventarte entre versos sin madre y sin tu nombre para olvidarte si es que la conciencia me obsequiara con su venia, a llorarte un poco en la calle, en el autobús, en el café, debajo de las sábanas, debajo de la fe, con los párpados cerrados para que nadie preguntara. Para que nadie me extrañara al ausentarme de todo y de todos mientras pienso en ti y en el porqué, y después tú , no sé.
Gayo 9.11.11 en una tarde en la que la luna no ha permitido que la luz del día le borre la sonrisa. En una tarde en la que al cerrar los ojos me siento preso en tu mirada.
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