Javier Palanca
Poeta fiel al portal
Cuando acabaron de amarse
entre gemidos y carnes
cayeron entre jadeos
estrangulando sus dedos.
Al relajarse las manos,
volviendo la sangre al flujo,
los ojos también volvieron
a ser utensilio en uso.
Ya arqueólogos hambrientos
vieron que desde el techo,
de este pasillo de tumba,
les hablaba algún secreto.
Quitándose entre codazos
con la intensidad del orgasmo,
que dieron por olvidado,
mano a mano descifraron:
No tengo derecho a hacerlo,
pero dándome por muerto,
que importa ya lo que haga
o lo que diga y escriba.
Fui esclavo toda la vida
de faraones en dioses,
espero vuestra venganza
como el sol que me arrebatan.
entre gemidos y carnes
cayeron entre jadeos
estrangulando sus dedos.
Al relajarse las manos,
volviendo la sangre al flujo,
los ojos también volvieron
a ser utensilio en uso.
Ya arqueólogos hambrientos
vieron que desde el techo,
de este pasillo de tumba,
les hablaba algún secreto.
Quitándose entre codazos
con la intensidad del orgasmo,
que dieron por olvidado,
mano a mano descifraron:
No tengo derecho a hacerlo,
pero dándome por muerto,
que importa ya lo que haga
o lo que diga y escriba.
Fui esclavo toda la vida
de faraones en dioses,
espero vuestra venganza
como el sol que me arrebatan.