¡CAMPANAS!
Los ecos de las doce campanadas
hacen temblar la noche.
Oscilantes, uno a uno y enlazados
se expanden rompiendo los silencios.
Su llamada despierta los submundos,
murciélagos y ratas dejan sus escondrijos,
los búhos y lechuzas salen en son de guerra;
empiezan sus batallas
en plena oscuridad.
Detrás de mi ventana, por la cortina oculto,
observo un movimiento untuoso y comedido;
una negra silueta fundida en negritudes
de una noche sin luna.
Los tres viejos faroles que la plaza circundan
parecen consumidos por las oscuridades.
La sombra entre las sombras
avanza, roza el muro y doblando una esquina,
de mi vista, se va.
¿Adónde irá el tullido boticario?
En esa dirección, el cementerio está.
Los ecos de las doce campanadas
hacen temblar la noche.
Oscilantes, uno a uno y enlazados
se expanden rompiendo los silencios.
Su llamada despierta los submundos,
murciélagos y ratas dejan sus escondrijos,
los búhos y lechuzas salen en son de guerra;
empiezan sus batallas
en plena oscuridad.
Detrás de mi ventana, por la cortina oculto,
observo un movimiento untuoso y comedido;
una negra silueta fundida en negritudes
de una noche sin luna.
Los tres viejos faroles que la plaza circundan
parecen consumidos por las oscuridades.
La sombra entre las sombras
avanza, roza el muro y doblando una esquina,
de mi vista, se va.
¿Adónde irá el tullido boticario?
En esa dirección, el cementerio está.
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