Villada Mauricio
Poeta adicto al portal
Es el norte más allá del Norte,
donde los ojos del tiempo
miran y desprecian mis formas idas,
las que ya no están,
las frágiles y errantes
sombras de lo sido.
Digo al norte del Norte
donde mis pies vencidos
son esquelas oriundas
de un pasado
que flamea y se incendia
en mi más hondo mañana.
Al norte del Norte.
Allí estoy,
encerrado en laberintos
de papeles volados
y soles que nunca descansan
y bitácoras absurdas
y lecturas releídas
y gravedad cero.
Recién arribado
me arrimo a los ya venidos
antes de mí y mis formas sidas.
Son cálidas presencias,
aplacan la sed con sus lenguas
que parlan vayamos a saber en qué.
Sólo un sureño zurcido
por el este del desdén
con hastío y subido hasta allí
por empleados de algún dios
guardián de mi poca fe.
donde los ojos del tiempo
miran y desprecian mis formas idas,
las que ya no están,
las frágiles y errantes
sombras de lo sido.
Digo al norte del Norte
donde mis pies vencidos
son esquelas oriundas
de un pasado
que flamea y se incendia
en mi más hondo mañana.
Al norte del Norte.
Allí estoy,
encerrado en laberintos
de papeles volados
y soles que nunca descansan
y bitácoras absurdas
y lecturas releídas
y gravedad cero.
Recién arribado
me arrimo a los ya venidos
antes de mí y mis formas sidas.
Son cálidas presencias,
aplacan la sed con sus lenguas
que parlan vayamos a saber en qué.
Sólo un sureño zurcido
por el este del desdén
con hastío y subido hasta allí
por empleados de algún dios
guardián de mi poca fe.