Evelyn21
Poeta que no puede vivir sin el portal
En una maleta coloqué esa parte tan ajena
y tan hermosa que una vez conocí.
Esa forma que creí, no existía en mí.
La envolví con mi ternura,
la estreché con mi inocencia
y al lado coloqué toda mi paciencia.
Empaqué también unas de mis mejores sonrisas,
las doblé como camisas,
recordando en cada pliegue,
cada tarde,
cada día,
cada instante en que me las ponía.
Luego en un bolsillo pequeñito,
guardé un frasquito con mis lágrimas,
habían algunas alegres
y unas cuantas apesadumbradas.
Dejé también en aquella maleta,
mis ilusiones cortas y algunas penas.
Mis ansias y mis compungidos sueños,
que me miraron tristes y cohibidos,
antes de cubrirlos con un manto,
de un apetecido pero negado olvido.
Regué sobre todo ello,
un sinfín de recuerdos
y evocaciones.
Sentimientos,
sinsabores
y sensaciones.
También algunos escritos,
unas canciones,
imágenes
y conversaciones.
De último coloqué el amor,
pero antes lo acaricie dulce,
le sonreí llorosa.
Lo apreté contra mi pecho pidiéndole perdón por todo el daño hecho.
Le dije que se fuera tranquilo,
que prometía cuidar mi corazón
y no lo dejaría romperse.
Cerré la maleta,
la alcé con decisión
mandándola lejos,
junto a lo más oscuro de mi desesperación.
y tan hermosa que una vez conocí.
Esa forma que creí, no existía en mí.
La envolví con mi ternura,
la estreché con mi inocencia
y al lado coloqué toda mi paciencia.
Empaqué también unas de mis mejores sonrisas,
las doblé como camisas,
recordando en cada pliegue,
cada tarde,
cada día,
cada instante en que me las ponía.
Luego en un bolsillo pequeñito,
guardé un frasquito con mis lágrimas,
habían algunas alegres
y unas cuantas apesadumbradas.
Dejé también en aquella maleta,
mis ilusiones cortas y algunas penas.
Mis ansias y mis compungidos sueños,
que me miraron tristes y cohibidos,
antes de cubrirlos con un manto,
de un apetecido pero negado olvido.
Regué sobre todo ello,
un sinfín de recuerdos
y evocaciones.
Sentimientos,
sinsabores
y sensaciones.
También algunos escritos,
unas canciones,
imágenes
y conversaciones.
De último coloqué el amor,
pero antes lo acaricie dulce,
le sonreí llorosa.
Lo apreté contra mi pecho pidiéndole perdón por todo el daño hecho.
Le dije que se fuera tranquilo,
que prometía cuidar mi corazón
y no lo dejaría romperse.
Cerré la maleta,
la alcé con decisión
mandándola lejos,
junto a lo más oscuro de mi desesperación.
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