L
Luis Miguel Rubio Domingo
Invitado
Oyó Emilio sonar el timbre de su odiado vecino. Miró por la mirilla. Frente a su puerta había lo que parecía un indigente. Hoy no he comido- decía aquel hombre, por otra parte, correctamente vestido. Llamó luego a la puerta de Emilio. No tenía mucho que compartir, apenas una barra de pan y dos naranjas. Partió el pan en dos mitades y metió una de ellas en una bolsa de plástico. Añadió una naranja. Abrió la puerta y se la extendió al necesitado. Es todo cuanto tengo, feliz navidad – musitó. Cerró presuroso, un poco avergonzado, y miró por la mirilla. Oyó a aquel hombre murmurar y vio como tiraba al suelo la naranja y el trozó de pan y hacía una pelota con la bolsa antes de darle un puntapié. Emilio se quedó inmóvil, decepcionado, sorprendido de su propia ingenuidad. Aquel hombre –pensó, no estaba hambriento, sólo estaba dispuesto a aceptar dinero. Quedó mirando a través del cristal las viandas derramadas sin atreverse a recogerlas. La puerta del vecino se abrió y pudo ver en sus ojos como fijaba la mirada en aquellos alimentos derramados. Los recogió. Besó el pan. Comprendió que esa noche compartiría la cena con su enemigo.
(Relato galardonado en el concurso 'Navidad Alternativa' y publicado en la revista digital 'A contrapalabra'
http://www.verbalina.com/a_contrapalabra.html )
http://www.verbalina.com/documentos/01_ac.pdf
(Relato galardonado en el concurso 'Navidad Alternativa' y publicado en la revista digital 'A contrapalabra'
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