Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Cuántos barcos solitarios,
cuánto náufrago en la orilla
de paraísos perdidos,
cuánta sal, cuantas heridas.
Cuánto dueño de la nada,
por nada cuánta avaricia,
cuánto sol tras una nube,
cuánta noche en pleno día.
Cuánto brillo en una concha
de caracola marina,
cuánto ciego en nuestras playas,
qué calor, cuánta sombrilla.
Cuántas miradas cegadas
por la luna que las mira,
detrás de un cristal oscuro
con la esperanza vencida.
Y sin embargo las noches,
y sin embargo los días.
Y sin embargo la arena
suaviza nuestras mentiras.
El mar se traga sus restos
y los nuestros los vomita.
Cuántas almas son los pecios
anclados por la deriva
en fondos inescrutables
donde nace nueva vida.
Las almas nunca se pierden,
si no se dan por perdidas.
cuánto náufrago en la orilla
de paraísos perdidos,
cuánta sal, cuantas heridas.
Cuánto dueño de la nada,
por nada cuánta avaricia,
cuánto sol tras una nube,
cuánta noche en pleno día.
Cuánto brillo en una concha
de caracola marina,
cuánto ciego en nuestras playas,
qué calor, cuánta sombrilla.
Cuántas miradas cegadas
por la luna que las mira,
detrás de un cristal oscuro
con la esperanza vencida.
Y sin embargo las noches,
y sin embargo los días.
Y sin embargo la arena
suaviza nuestras mentiras.
El mar se traga sus restos
y los nuestros los vomita.
Cuántas almas son los pecios
anclados por la deriva
en fondos inescrutables
donde nace nueva vida.
Las almas nunca se pierden,
si no se dan por perdidas.
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