Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Nunca, y tal vez por eso pensar en ti me sea tan agrio, he intentado hacerme una idea de qué haces allá en tu parcela, en tus playas, allá en tu recamara y en tu ventana, en tu espacio y en el de tu tribu; en tu vida.
Me gustaría, sí, que me extrañaras, o mejor dicho, que me hicieras saber de cuando en cuando que me extrañas, que te muerdes los labios para no decir mi nombre; que los muerdes para no tomar el teléfono y volverte vulnerable.
Me gustaría creer que por las noches tus dedos despiertan en tu piel el recuerdo de los míos y que para mantenerme un rato más a tu lado le suspiras a la noche para que se apaguen sus luceros mientras por tus ojos pasan los mismos fuegos de artificio que inventamos aquella noche que aún duerme y vive en mis versos.
Me gustaría saber, sólo por alimentar el ego, que cuando te vistes para ir al día a día; cuando ajustas el reloj y las horas y el tiempo, lo haces como si fueras a mi encuentro, como si sintieras que le urge a tus brazos ser presos de los míos, y que cuando te da la noche, cuando te cae el cansancio del quehacer y los sueños te lleva a la cama, te desvistes, sin más, pensando en mis labios y en mis ojos y en mi alma recitando a una cuarta de tu boca, tu nombre.
Me gustaría, alma de mis sueños, hacerme una idea de lo que piensas y saber por lo menos que me olvidaste y que no regresarás ni a recoger los escombros que dejaste, y pensarlo firmemente para enterrar de una vez la esperanza y comenzar a trabajarle un dulce duelo a la ilusión.
Due®. 21.2.12 en una tarde en la que parece que el frío se ha cansado y regresa a su invierno que aún no acaba.
Me gustaría, sí, que me extrañaras, o mejor dicho, que me hicieras saber de cuando en cuando que me extrañas, que te muerdes los labios para no decir mi nombre; que los muerdes para no tomar el teléfono y volverte vulnerable.
Me gustaría creer que por las noches tus dedos despiertan en tu piel el recuerdo de los míos y que para mantenerme un rato más a tu lado le suspiras a la noche para que se apaguen sus luceros mientras por tus ojos pasan los mismos fuegos de artificio que inventamos aquella noche que aún duerme y vive en mis versos.
Me gustaría saber, sólo por alimentar el ego, que cuando te vistes para ir al día a día; cuando ajustas el reloj y las horas y el tiempo, lo haces como si fueras a mi encuentro, como si sintieras que le urge a tus brazos ser presos de los míos, y que cuando te da la noche, cuando te cae el cansancio del quehacer y los sueños te lleva a la cama, te desvistes, sin más, pensando en mis labios y en mis ojos y en mi alma recitando a una cuarta de tu boca, tu nombre.
Me gustaría, alma de mis sueños, hacerme una idea de lo que piensas y saber por lo menos que me olvidaste y que no regresarás ni a recoger los escombros que dejaste, y pensarlo firmemente para enterrar de una vez la esperanza y comenzar a trabajarle un dulce duelo a la ilusión.
Due®. 21.2.12 en una tarde en la que parece que el frío se ha cansado y regresa a su invierno que aún no acaba.
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