Isabel Miranda de Robles
Poeta que considera el portal su segunda casa
NOSTALGIA
Hoy la nostalgia amaneció a mi lado y ha sido mi compañera en todo lo que hago…
Si camino aprisa para perderla, ella también acelera su paso.
Hay algo en mí que la atrae a pesar de mi rechazo,
después de todo, ni siquiera se lo que extraño, ni por qué estas cadenas arrastro…
pero hay días en que en mis ojos hay tristeza y al dolor con un cierto enfermizo sabor le canto.
El tiempo no cura, solo empolva las heridas, luego viene una ráfaga de recuerdos
y al descubierto quedan… y otra vez de un infinito deseo de llorar soy presa.
Inerme quedo ante mis imposibles, esos, que mi vanidad niega, y con ella, mi sonrisa se viste de entereza.
El orgullo fingiendo plenitud me lleva: huyendo una vez nueva de la tristeza,
esa amiga fiel que a mi puerta toca con tanta insistencia…
Un día no estaré, un día la invitaré a salir por siempre y a no volver…
aunque a veces creo que no viene de afuera sino que vive dentro de mí,
que es el fantasma de una pena muy vieja, heredada, ajena, del paso de no sé quien por la tierra,
quizá fue un ser muy feliz que nunca tuvo tiempo de pagar las cuentas que la felicidad conlleva
y me eligió a mí para, a través de mis ojos asomarse al mundo y saldar sus deudas…
ISABEL MIRANDA DE ROBLES
Hoy la nostalgia amaneció a mi lado y ha sido mi compañera en todo lo que hago…
Si camino aprisa para perderla, ella también acelera su paso.
Hay algo en mí que la atrae a pesar de mi rechazo,
después de todo, ni siquiera se lo que extraño, ni por qué estas cadenas arrastro…
pero hay días en que en mis ojos hay tristeza y al dolor con un cierto enfermizo sabor le canto.
El tiempo no cura, solo empolva las heridas, luego viene una ráfaga de recuerdos
y al descubierto quedan… y otra vez de un infinito deseo de llorar soy presa.
Inerme quedo ante mis imposibles, esos, que mi vanidad niega, y con ella, mi sonrisa se viste de entereza.
El orgullo fingiendo plenitud me lleva: huyendo una vez nueva de la tristeza,
esa amiga fiel que a mi puerta toca con tanta insistencia…
Un día no estaré, un día la invitaré a salir por siempre y a no volver…
aunque a veces creo que no viene de afuera sino que vive dentro de mí,
que es el fantasma de una pena muy vieja, heredada, ajena, del paso de no sé quien por la tierra,
quizá fue un ser muy feliz que nunca tuvo tiempo de pagar las cuentas que la felicidad conlleva
y me eligió a mí para, a través de mis ojos asomarse al mundo y saldar sus deudas…
ISABEL MIRANDA DE ROBLES
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