Cuánto le amé

Alberto Amaris

Poeta que considera el portal su segunda casa




Yo la amaba tanto, que en mi corazón
su nombre comenzó a echar raíces
y por entre mis venas su savia corría
nutriendo mi vida, haciéndonos felices.

Cuánto amaba yo esa hermosa mujer
hasta robaba flores en algunos jardines,
para sacarle una sonrisa de su rostro,
le escribía versos, le regalaba jazmines.

La amaba yo siempre, que mi semilla
germinó en hermosos querubines,
es cierto no lo niego, ¡cuánto la amé!
pero al paso del tiempo fuimos infelices

Nuestro amor floreció, una tarde en invierno
cuando ella estaba sola y yo disponible,
tanto le amaba, que vivía en mis sueños
en mis sueños blancos, negros y grises.

Amé desde siempre su bronceada tez
su sonrisa risueña, sus miradas infantiles,
hoy su amor para mi ya es pasado
solo queda sanar las heridas y cicatrices.
 




Yo la amaba tanto, que en mi corazón
su nombre comenzó a echar raíces
y por entre mis venas su savia corría
nutriendo mi vida, haciéndonos felices.

Cuánto amaba yo esa hermosa mujer
hasta robaba flores en algunos jardines,
para sacarle una sonrisa de su rostro,
le escribía versos, le regalaba jazmines.

La amaba yo siempre, que mi semilla
germinó en hermosos querubines,
es cierto no lo niego, ¡cuánto la amé!
pero al paso del tiempo fuimos infelices

Nuestro amor floreció, una tarde en invierno
cuando ella estaba sola y yo disponible,
tanto le amaba, que vivía en mis sueños
en mis sueños blancos, negros y grises.

Amé desde siempre su bronceada tez
su sonrisa risueña, sus miradas infantiles,
hoy su amor para mi ya es pasado
solo queda sanar las heridas y cicatrices.




Hermoso versos ,melancólicos pero hermoso,cuando el amor se termina solo quedan los recuerdos y el dolor,pero como hay un nuevo día también habrá un nuevo amor,es un placer pasar por tus preciosas letras,un beso Sandra
 




Yo la amaba tanto, que en mi corazón
su nombre comenzó a echar raíces
y por entre mis venas su savia corría
nutriendo mi vida, haciéndonos felices.

Cuánto amaba yo esa hermosa mujer
hasta robaba flores en algunos jardines,
para sacarle una sonrisa de su rostro,
le escribía versos, le regalaba jazmines.

La amaba yo siempre, que mi semilla
germinó en hermosos querubines,
es cierto no lo niego, ¡cuánto la amé!
pero al paso del tiempo fuimos infelices

Nuestro amor floreció, una tarde en invierno
cuando ella estaba sola y yo disponible,
tanto le amaba, que vivía en mis sueños
en mis sueños blancos, negros y grises.

Amé desde siempre su bronceada tez
su sonrisa risueña, sus miradas infantiles,
hoy su amor para mi ya es pasado
solo queda sanar las heridas y cicatrices.




Desgarradores versos emanan hoy de tu bella pluma, felicitaciones un gran trabajo Alberto, desborde de melancolía a flor de piel, un poema que transmite mucho...
un abrazote y tiempo al tiempo para sanar las heridas, cariños todos desde mi sur.
pincoya
 
Hermoso versos ,melancólicos pero hermoso,cuando el amor se termina solo quedan los recuerdos y el dolor,pero como hay un nuevo día también habrá un nuevo amor,es un placer pasar por tus preciosas letras,un beso Sandra

Siempre agradecido mi querida amiga, el amor y el desamor dos temas que me encantan, mis cariños y abrazos
 
Un poema sentidamente hermoso. ¿Dónde queda, a dónde se va, todo ese mundo de sentimiento que se ha compartido? Vienen los silencios, las excusas, las mentiras, y todo desaparece de improviso, tal como llegó.

Gracias poeta, bendiciones.
 
Preciosa melancolía de amores pasados que siempre dejan huella con independencia de quién cierra las puertas. El pasado siempre es poso y ceniza que se amalgama con el presente. Somos el resultado de nuestros sueños y vivencias, un cúmulo de sentimientos en crisoles de esperanza.

Un placer pasearme por esta maravilla; Alberto.
Besos y estrellas;
Eva
 




Yo la amaba tanto, que en mi corazón
su nombre comenzó a echar raíces
y por entre mis venas su savia corría
nutriendo mi vida, haciéndonos felices.

Cuánto amaba yo esa hermosa mujer
hasta robaba flores en algunos jardines,
para sacarle una sonrisa de su rostro,
le escribía versos, le regalaba jazmines.

La amaba yo siempre, que mi semilla
germinó en hermosos querubines,
es cierto no lo niego, ¡cuánto la amé!
pero al paso del tiempo fuimos infelices

Nuestro amor floreció, una tarde en invierno
cuando ella estaba sola y yo disponible,
tanto le amaba, que vivía en mis sueños
en mis sueños blancos, negros y grises.

Amé desde siempre su bronceada tez
su sonrisa risueña, sus miradas infantiles,
hoy su amor para mi ya es pasado
solo queda sanar las heridas y cicatrices.



Muy melancólico tu poema, muchos recuerdos y mucho amor. Resulta dificil aceptar esas pérdidas de sentimientos, pero el tiempo todo lo borra. Así es el amor y el desamor. Estamos preparados para ello, aunque cueste superarlo.

Besos y mis estrellas.
 
Excelente amigo, lleno de ritmo y gracia, grandioso final, pero las heridas sanan las cicatrices perduran, aunque los japoneses dicen que con saliva de loro se eliminan, yo no creo, es mejor mantenerlas, así queda una huella de eso que tanto se amó, una cicatriz es como un hijo. Estrellas reputación y abrazos, hasta pronto.
 
Desgarradores versos emanan hoy de tu bella pluma, felicitaciones un gran trabajo Alberto, desborde de melancolía a flor de piel, un poema que transmite mucho...
un abrazote y tiempo al tiempo para sanar las heridas, cariños todos desde mi sur.
pincoya

Gracias bella PINCOYA, por tus agradable compañia en mi espacio, mis cariños siempre
 
Mary C. López;3915587 dijo:
Recuerdos de momentos deliciosos, donde el postre de la vida es el amor expandiendose
a placer y libertad... algo se de eso, triste es saber que fueron hechos y hoy solo recuerdos
kisses Alberto

Gracias mi bella Mary por acompañar mis recuerdos, mis cariños siempre
 
Un poema sentidamente hermoso. ¿Dónde queda, a dónde se va, todo ese mundo de sentimiento que se ha compartido? Vienen los silencios, las excusas, las mentiras, y todo desaparece de improviso, tal como llegó.

Gracias poeta, bendiciones.

Agradecido Amiga por tu hermosa compañia en mi espacio, seas bienvenida cuando gustes, mis cariños
 
Preciosa melancolía de amores pasados que siempre dejan huella con independencia de quién cierra las puertas. El pasado siempre es poso y ceniza que se amalgama con el presente. Somos el resultado de nuestros sueños y vivencias, un cúmulo de sentimientos en crisoles de esperanza.

Un placer pasearme por esta maravilla; Alberto.
Besos y estrellas;
Eva

oh amiga qeu maravilosa sorpresa conseguirte en mi espacio, mis cariños
 
MaríaA.G;3917673 dijo:
Muy melancólico tu poema, muchos recuerdos y mucho amor. Resulta dificil aceptar esas pérdidas de sentimientos, pero el tiempo todo lo borra. Así es el amor y el desamor. Estamos preparados para ello, aunque cueste superarlo.

Besos y mis estrellas.

Bienvenida seas en mi espacio Maria, gracias por dejar tu huella en mis versos, mis cariños
 
Miguel Echeverría;3917683 dijo:
Excelente amigo, lleno de ritmo y gracia, grandioso final, pero las heridas sanan las cicatrices perduran, aunque los japoneses dicen que con saliva de loro se eliminan, yo no creo, es mejor mantenerlas, así queda una huella de eso que tanto se amó, una cicatriz es como un hijo. Estrellas reputación y abrazos, hasta pronto.

Asi es estimado amigo, gracias por tus palabras llenas de sabiduría, un abrazo
 
Belleza melancólica hay en estos versos, la melancolía de la añoranza y del adiós.
Hermoso poema, me encantó
Un abrazo
Auri
 
Yo la amaba tanto, que en mi corazón, su nombre empezó a echar raíces.. muy bello poema, tiene mucha melancolía, me llego Pablo Neruda a la mente cuando leí este poema tuyo, muy sentido y profundo. Abrazos y estrellas, feliz comienzo de semana, estimado amigo.
 




Yo la amaba tanto, que en mi corazón
su nombre comenzó a echar raíces
y por entre mis venas su savia corría
nutriendo mi vida, haciéndonos felices.

Cuánto amaba yo esa hermosa mujer
hasta robaba flores en algunos jardines,
para sacarle una sonrisa de su rostro,
le escribía versos, le regalaba jazmines.

La amaba yo siempre, que mi semilla
germinó en hermosos querubines,
es cierto no lo niego, ¡cuánto la amé!
pero al paso del tiempo fuimos infelices

Nuestro amor floreció, una tarde en invierno
cuando ella estaba sola y yo disponible,
tanto le amaba, que vivía en mis sueños
en mis sueños blancos, negros y grises.

Amé desde siempre su bronceada tez
su sonrisa risueña, sus miradas infantiles,
hoy su amor para mi ya es pasado
solo queda sanar las heridas y cicatrices.
Espacio detenido en ese recuerdo que repasa el
amor de unos instantes unicos. un sueño real que
ha sido sobrepasado en el tiempo.
felicidades
 
Excelente amigo, lleno de ritmo y gracia, grandioso final, pero las heridas sanan las cicatrices perduran, aunque los japoneses dicen que con saliva de loro se eliminan, yo no creo, es mejor mantenerlas, así queda una huella de eso que tanto se amó, una cicatriz es como un hijo. Estrellas reputación y abrazos, hasta pronto.
Un bello comentario para el poema de alberto.
me han gustado tus lineas. saludos, luzyabsenta
 

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