Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tu boca deliciosa con labios de frambuesa,
tu boca que en el templo dice, piadosa, amén;
musita tiernamente: «yo te quiero también»,
con el sutil encanto de una cabal princesa.
Cajita de alabastro que charla, liba y besa,
celosa guarda tu ósculo como un preciado bien
que excede por sí solo los de todo un harén.
Obsequia la sonrisa con candidez traviesa
y así como si nada, tu dulce voz empieza
por engastar en el cielo la Estrella de Belén,
¡oh tu boca sensual!, boca que canta y reza
es la prístina llave de un primoroso edén,
atrae las miradas por su inusual belleza:
alta iluminación sin practicar el zen.
28-29 Diciembre del 2011
Copyright © Derechos reservados ®
tu boca que en el templo dice, piadosa, amén;
musita tiernamente: «yo te quiero también»,
con el sutil encanto de una cabal princesa.
Cajita de alabastro que charla, liba y besa,
celosa guarda tu ósculo como un preciado bien
que excede por sí solo los de todo un harén.
Obsequia la sonrisa con candidez traviesa
y así como si nada, tu dulce voz empieza
por engastar en el cielo la Estrella de Belén,
¡oh tu boca sensual!, boca que canta y reza
es la prístina llave de un primoroso edén,
atrae las miradas por su inusual belleza:
alta iluminación sin practicar el zen.
28-29 Diciembre del 2011
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