dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Fue un niño desgarbado y triste
en una familia alegre y acomodada
que todas las mañanas iba con su cartera de cuero
al colegio cercano donde el viejo maestro
Gumersindo se llamaba calvo y barbudo
el mayor embustero que se había echado a la cara
practicaba el arte como si fuera un mago
de imponer la mentira cruel y despiadado.
Así estuvo el muy perro hasta que una tarde
primaveral de mayo le quiso hacer creer
que un sapo era un ser mandado por Dios
para imponer el orden en medio del caos.
Gritó de rabia ante tamaño embuste
clavando el compás en el pupitre de madera.
¡Cómo va a ser eso Don Gumersindo
si ese feo sapo se apellida Iscariote!
Se fue hacia él pobre niño indefenso
en sus ojos la cólera y las manos crispadas
cuando de pronto cayó al suelo muerto
echando espuma verde por la boca entreabierta.
Murió del corazón nos anunció el director del colegio
pero yo sé que fue el escuchar una verdad incuestionable
lo que acabó con su vida de pobre maestro embustero.
Eladio Parreño Elías
11-Marzo-2012
Última edición: