Estimada amiga:
Han pasado ya tres meses desde la última vez que te vi, desde la última vez que te sentí. Recuerdo como si hubiera acontecido ayer cuando te vi entrar en nuestra cafetería habitual, día triste para mí.
Te escribo esta carta, Laura, porque marcho de la ciudad. Marcho lejos, muy lejos, y quiero expresar por escrito todo lo que por miedo al rechazo tuve que callar.
Es extraño el amor; a veces viene cuando menos se le espera, cuando menos se le busca. Y es que fui incapaz de resistirme a tu bondad, a tu alegría y a tu honestidad. Me enamoré de tu esencia, me enamoré de tu corazón, me enamoré de tu humanidad. Y es que mi alma vibraba con sólo cerca de ti poder estar.
Siempre fui un cobarde, sí, pues la timidez prometió hace tiempo que me quería acompañar, y débil, yo, la dejé quedar. Y siempre temí no ser digno de tu altura, y callé lo que de verdad sentía, que te quería con locura.
Triste fue el último día que te vi en la cafetería entrar, junto a Javier, día en el que supe que no era mi amor el que te iba a acompañar. No pude hacer otra cosa al llegar a mi casa que llorar...
Quizá si me hubiera atrevido a decirte todo lo que sentía por ti...quizá si hubiera sido por una vez valiente y te hubiera confesado todo lo importante que eras para mí...tal vez si hubiera expresado toda la ilusión que sentía junto a ti...Pero poco importa ya en verdad, pues fue un tren que dejé alejar, y no me atreví a subirlo contigo y comprobar cuan lejos nos podía llevar.
Me despido Laura, me despido con el lamento de no haberte podido abrazar, con la nostalgia de que no seré yo a quien tu corazón vaya a cuidar, pero con la alegría de saber que tú feliz eres y que feliz siempre serás.
En un lugar de mi corazón vas a quedar. Un abrazo eterno amiga, y gracias por tu amistad...
Han pasado ya tres meses desde la última vez que te vi, desde la última vez que te sentí. Recuerdo como si hubiera acontecido ayer cuando te vi entrar en nuestra cafetería habitual, día triste para mí.
Te escribo esta carta, Laura, porque marcho de la ciudad. Marcho lejos, muy lejos, y quiero expresar por escrito todo lo que por miedo al rechazo tuve que callar.
Es extraño el amor; a veces viene cuando menos se le espera, cuando menos se le busca. Y es que fui incapaz de resistirme a tu bondad, a tu alegría y a tu honestidad. Me enamoré de tu esencia, me enamoré de tu corazón, me enamoré de tu humanidad. Y es que mi alma vibraba con sólo cerca de ti poder estar.
Siempre fui un cobarde, sí, pues la timidez prometió hace tiempo que me quería acompañar, y débil, yo, la dejé quedar. Y siempre temí no ser digno de tu altura, y callé lo que de verdad sentía, que te quería con locura.
Triste fue el último día que te vi en la cafetería entrar, junto a Javier, día en el que supe que no era mi amor el que te iba a acompañar. No pude hacer otra cosa al llegar a mi casa que llorar...
Quizá si me hubiera atrevido a decirte todo lo que sentía por ti...quizá si hubiera sido por una vez valiente y te hubiera confesado todo lo importante que eras para mí...tal vez si hubiera expresado toda la ilusión que sentía junto a ti...Pero poco importa ya en verdad, pues fue un tren que dejé alejar, y no me atreví a subirlo contigo y comprobar cuan lejos nos podía llevar.
Me despido Laura, me despido con el lamento de no haberte podido abrazar, con la nostalgia de que no seré yo a quien tu corazón vaya a cuidar, pero con la alegría de saber que tú feliz eres y que feliz siempre serás.
En un lugar de mi corazón vas a quedar. Un abrazo eterno amiga, y gracias por tu amistad...
Última edición: