Alberto Amaris
Poeta que considera el portal su segunda casa
Anoche el cielo,
se hundía en tus ojos,
la pálida luna
moría en silencio por celos
como dos borrachos de amor,
descifrando el cielo
las estrellas caían,
una a una a los pozos.
Nuestras manos dormían,
en verbo amoroso,
la arena expandía su espacio;
en los cuerpos, las manos, los labios;
en las calles, las nubes, los pasos.
Y escondían las huellas,
enterraban cerrojos,
pero no a ti, ni a nuestros ósculos
Vuelvo a la luna sin alas
por parajes oscuros,
vuelve pequeña
por los mares que callan,
la espuma envuelve
los agrietados muros
y las olas sumergen
de los hombres las balas.
Las almas recitan
canciones en flautas,
la noche el suelo
cubría en rastrojos,
violentos tus labios
me besan y atan,
anoche el cielo
se hundía en tus ojos.
se hundía en tus ojos,
la pálida luna
moría en silencio por celos
como dos borrachos de amor,
descifrando el cielo
las estrellas caían,
una a una a los pozos.
Nuestras manos dormían,
en verbo amoroso,
la arena expandía su espacio;
en los cuerpos, las manos, los labios;
en las calles, las nubes, los pasos.
Y escondían las huellas,
enterraban cerrojos,
pero no a ti, ni a nuestros ósculos
Vuelvo a la luna sin alas
por parajes oscuros,
vuelve pequeña
por los mares que callan,
la espuma envuelve
los agrietados muros
y las olas sumergen
de los hombres las balas.
Las almas recitan
canciones en flautas,
la noche el suelo
cubría en rastrojos,
violentos tus labios
me besan y atan,
anoche el cielo
se hundía en tus ojos.
