Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dos niños en un parque montados en un balancín. Arriba, abajo...Ella, él... ¡Impulso! Ahora al revés. Un leve instante, en el punto de equilibrio para nivelar sus miradas y ¡zas!, vuelta a empezar. ¿Y si nos bajamos? Hay un columpio vacío... Y tras consensuar a pares o nones quién se acomoda primero, el otro con gesto torcido se dispone detrás. ¡Oye!, sólo un ratito, que te conozco… Ella se gira y le lanza una sonrisa. Aferra sus pequeños dedos a las cadenas de ambos lados y con esa mueca traviesa aún en sus labios le grita: ¡empuja!
Dos niños en un parque. Cae lentamente la tarde. Ella quisiera tocar el cielo, llevarse esa nube, atrapar el último rayo del sol que se desmaya en el horizonte.
Él sabe, aunque no lo dice, que ella ya lleva esa nube prendida en su pelo, ese último rayo de sol engarzado en sus ojos y que él, hace rato que toca el cielo con sus manos.
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